

El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundaba “La Gaceta de Buenos Aires”, primer periódico de la etapa independentista argentina, destacada en el decreto de su fundación por la Primera Junta, por la necesidad de «anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales».
Pero la indomable pluma de Moreno, iría más allá de este propósito formal y en este sentido, la inclusión de la traducción del célebre manifiesto de Rousseau, era todo un signo del objetivo del malogrado revolucionario.
Acompañado por Manuel Belgrano y Juan José Castelli, esa primera edición de “La Gaceta...”, expresaría claramente la finalidad y el deseo que dieron como resultado el nacimiento del primer periódico de esa etapa tan particular de nuestra historia.
En las incipientes páginas los revolucionarios de Mayo destacaban que «en tan críticas circunstancias, todo ciudadano está obligado a comunicar sus luces y sus conocimientos; y el soldado que opone su pecho a las balas de los enemigos exteriores, no hace mayor servicio que el sabio que abandona su retiro y ataca con frente serena la ambición, la ignorancia, el egoísmo y demás pasiones, enemigos interiores del Estado, y tanto más terribles, cuanto ejercen una guerra oculta y logran frecuentemente de sus rivales una venganza segura».
«Me lisonjeo de no haber mirado con indiferencia una obligación tan sagrada, de que ningún ciudadano está exceptuado, y en esta materia creo haber merecido más bien la censura de temerario, que la de insensible o indiferente: pero el fruto de mis tareas es muy pequeño, para que pueda llenar la grandeza de mis deseos; y siendo mis conocimientos muy inferiores a mi celo, no he encontrado otro medio de satisfacer éste», aseguraba el primer secretario.
Desde la Gaceta, Moreno respondió a las acusaciones de los realistas, explicaba la situación política y sacaba a la luz las maquinaciones de los españoles comprometidos en las conspiraciones. No ahorró adjetivos para calificar a los funcionarios españoles que habían tomado el comando de la lucha contra la Junta, a la que buscaban aplastar como medida ejemplificadora para el resto de las ciudades americanas.
A casi 190 años de ese día que marcó de manera singular el futuro del periodismo -y que desde 1938 es celebrado como el Día del Periodista según fue establecido por el I Congreso Nacional de Periodistas, celebrado en Córdoba- los pasos de Moreno aparecen cada día con más fuerza, como necesario faro de quienes intentamos ejercer esta profesión.
Ante esta etapa política de nuestro país, donde nuevamente y como cíclicamente ocurre, la libertad de expresión vuelve a verse amenazada mediante medidas menos atroces, pero casi tan efectivas como las que sufrimos en otros períodos, la dignidad, la integridad y el compromiso de pensadores como Moreno, deben volver a orientar nuestras redacciones.
Vaya de esta manera, el humilde homenaje de NUEVA ERA a todos los trabajadores de prensa y en especial a aquellos que bajo condiciones adversas, de la más variada índole, luchan día a día por mantener intactas las convicciones que los volcaron a esta vocación.
