

Como había sido anunciado, se llevó a cabo este mediodía la ceremonia del «Primer vuelo solo» de tripulantes en el Sistema de Armas Mirage, en la VI Brigada Aérea con asiento en nuestra ciudad.
El acto se desarrolló frente al Hangar 2 de la Base, donde fueron recibidos los tres aviadores militares que efectuaron su primer vuelo: los tenientes Alberto Javier Confalonieri, Sebastián José Ardiles y Mauro Ignacio Moris.
La ceremonia fue encabezada por el jefe de la Guarnición Aérea Tandil, comodoro Jorge Alberto Menaier, y el discurso estuvo a cargo del jefe del Grupo 6 de Caza, comodoro Emilio Walter Rodríguez.
Los tenientes que realizaron su primer vuelo, recibieron sus diplomas, pañuelos y escudos bendecidos por el capellán de la unidad, presbítero Héctor Baiza.
«EL PRIMER PASO»
El teniente Mauro Moris (26 años, oriundo de Rosario), uno de los pilotos que realizó su primer vuelo, contó a NUEVA ERA que «no es solamente un día en el cual uno hace esto, sino que viene de un trabajo de ocho años en el que se ingresa a la Escuela de Aviación en Córdoba, se va pasando por distintos sistemas de armas, se hace el curso de aviador, se va a Mendoza al curso de piloto de combate, y después se llega a Tandil, al sistema de armas, y la Fuerza Aérea deposita en uno toda la confianza».
Confesó sentir una «alegría muy grande» por el logro personal, pero al mismo tiempo «me acuerdo también de toda la gente que en un momento me ayudó, la gente que está todos los días, los mecánicos que siempre están ante cualquier problema. Y obviamente la familia, que siempre está con uno».
- ¿Cómo ha sido la etapa de instrucción?
- Llegamos a Tandil en julio, y en agosto iniciamos un curso teórico de un mes y medio. Después hicimos una semana de simulador en Tandil y en Buenos Aires, y posteriormente, se largó la práctica. Se hizo un patrón de temas de pilotaje general, algo de acrobacia, algo de vuelo instrumental, y una vez que se termina esa parte que son unas 20 horas, hay un vuelo que si se aprueba se está en condiciones de volar solo. Son unos tres o cuatros meses de preparación.
Pero por supuesto que no todo termina: «Hoy es un primer paso que uno da, pero mañana habrá otro desafío. Hay que empezar a perfeccionarse en otras cosas, es un perfeccionamiento continuo».
- ¿Cuándo surgió su interés por la aviación?
- Hace mucho, cuando era chico, me imaginaba en un avión, y pensaba que no iba a poder llegar nunca. Pero ahora veo las fotos del vuelo solo y todavía no lo creo. Es muy gratificante.
«EL SUEÑO DE TODO PILOTO»
El teniente Javier Confalonieri (26 años, Misiones), comentó a este Diario que «ha pasado mucho tiempo desde que empezamos con todo esto, este es el broche que cierra de alguna forma nuestra carrera inicial como piloto, es el punto más alto al que podemos llegar, porque requiere mucha preparación previa.
Yo vengo de una ciudad del interior como es Oberá, en Misiones, donde la aviación es lejana. Los primeros pasos los dimos en la Escuela de Aviación, después fuimos a Mendoza a hacer el curso de caza y ataque donde volamos el Moran y el Pampa II, y luego de varios años de preparación en esos sistemas de armas, llegamos a la VI Brigada Aérea de Tandil a cumplir el sueño de todo piloto que quiere ser cazador: llegar a volar el Mirage, uno de los sistemas de arma más importante que tiene la Fuerza Aérea Argentina actualmente». Lo que confiesa, «requiere mucho esfuerzo en todo sentido, mucha dedicación, mucho esfuerzo físico. No es fácil pero es muy gratificante cuando se alcanzan estos logros».
- Teniendo en cuenta tu lugar de origen, ¿cómo fue tu acercamiento a la aviación?
- Como todo chico que miraba una película o una revista, veía un avión y soñaba con estar un día sentado en esa cabina. A mí me pasó eso, mi familia no es militar, es gente de campo, y fue una meta que tuve de muy chiquito, y sobre todo cuando a uno le dicen que es muy difícil, parece que uno más terco se pone.
Respecto a las sensaciones de estar en un avión como el Mirage, el teniente Confalonieri explicó: «Todo pasa muy rápido. Es un avión muy exigente, hay que estar muy concentrado. Uno lo disfruta de una manera diferente, no es como algunos imaginan, no es salir a pasear, se requiere mucha concentración y preparación».
EN EL NOMBRE DEL PADRE
Para el teniente Sebastián Ardiles (27 años, Capital Federal), su vuelo fue doblemente especial, ya que su padre José fue uno de los pilotos caídos durante la Guerra de Malvinas en medio de un enfrentamiento con un buque británico. «Se mezcla la parte profesional, porque es un gran logro, fueron 8 años de arduo trabajo en la Escuela de Aviación para llegar a esto. Pero también está la parte personal, muy sensible, porque mi papá voló estos aviones y falleció en Malvinas arriba de un Mirage 5 como el que volé hoy», confiesa el joven piloto.
No obstante, en el aire hay que mantener la mente fría y los recuerdos a un costado: «Cuando me subo a un avión, trato de dejar todo de lado, de estar con la mente lo más fría posible para concentrarme en el vuelo y en todos los procedimientos.
Y más en un avión como éste que es muy exigente. El único momento que tuve para relajarme y donde vinieron a mi cabeza todos los recuerdos, fue una vez aterrizado cuando venía a estacionar el avión. Ahí me vinieron los recuerdos de la familia, de los amigos, un montón de hechos y personas que han pasado a lo largo de mi vida».
El teniente Ardiles estudió cuatro años en la Escuela de Aviación donde se recibió de oficial, después dos años para ser piloto de la Fuerza Aérea, y un año y medio en Mendoza para ser piloto de combate. «Todo para llegar acá y después, seguir perfeccionándome con el Mirage».
