Por Lucía Argemi 
Lic. en Comunicación Social
Suplemento Mujeres 

Desde pequeña supo que se dedicaría a la cocina. Por ello, si bien comenzó a trabajar a la par que terminaba el colegio, al concluir, cursó la Tecnicatura en Gastronomía. Hoy, también madre de dos niñas, recuerda esos comienzos, comparte sus experiencias y permite que su pasión por la actividad que realiza a diario, quede plasmada en nuestro suplemento.

Cuando vas al restaurante Tierra de Azafranes, a Paz la podés encontrar detrás de la barra, por lo que te saluda desde lejos;  la podés llegar a cruzar mientras atiende una mesa o puede ser que justo esté en la entrada para recibir a los comensales. Sin embargo, hay días en los que directamente no la ves, porque seguramente esté dentro de la cocina, espacio en el que siempre se queda un ratito más. 

La mayoría de sus recuerdos más preciados, indefectiblemente la llevan a dicho espacio. "Toda mi vida cociné. Actualmente lo sigo haciendo en el restaurante, aunque soy el comodín del negocio", dice con una sonrisa. Sin dudas, su actividad favorita es estar allí. "Cuando me toca estar en la cocina, me vuelve el alma al cuerpo. Es algo que necesito. Si no me toca ir por un tiempo prolongado, siento que me falta algo", explica. 

Como buena cocinera, y conocedora del tema, cuenta que le gusta innovar y probar cosas todo el tiempo. "Además hoy, con las redes sociales, estás totalmente conectada con otros restaurantes, cafés y cocineros (que se han hecho sus perfiles) que te mantienen actualizada. Y también, junto a su marido Ricardo Camgros, cuando viajan disfrutan de probar nuevas combinaciones y de comprar cosas que les puedan servir para futuros platillos. 

Al igual que todas las profesiones, el trabajo en gastronomía tiene cosas positivas y negativas. "Me parece que es una balanza en realidad. Y sobre lo malo, por así decirlo, a veces, lo que más me pesa es el hecho de perderme todo lo emotivo y los momentos de compartir en familia". El restaurante en el que Paz trabaja, brinda el servicio en todas las fechas importantes. Es tal el compromiso que tienen con hacer sentir a los clientes como en sus casas, que todos los días festivos, es posible encontrarlos en Tierra de Azafranes. 

Igualmente, con el paso del tiempo y gracias al cariño de todos los que alguna vez pasaron por el lugar, comprendió que eso era lo que le gustaba hacer y lo disfrutaba. "Me fascina trabajar en lo que hago. Me gustaría estar un Día de la Madre, sentada con mi marido y mis hijas celebrando, pero gracias a esto también he conocido gente maravillosa y ver la felicidad inmediata del cliente, no tiene precio", dice.

Y hete aquí, lo positivo de su actividad: "el cliente se vuelve un amigo, siempre. Nosotros tenemos, gracias a Dios, muy buena relación con todos los que vienen al local. Dicho sea de paso, a nuestro casamiento fueron muchos. Y hay algunos que nos invitan a comer a sus casas. Y para nosotros es un honor", afirma. 

El camino recorrido

Paz Vazquez nació el 15 de noviembre de 1989. Hija de Luján y Rafael, tiene dos hermanos: Rafael Francisco y Fernanda. Está casada con Ricardo Camgros y es la mamá de Margarita, de 5 años y de Jazmín, de 2. "A mi hija más grande le encanta la cocina. De Jaz todavía no sabemos porque es muy chiquita", dice. Y agrega: "Hace unos días fuimos a almorzar con las nenas al local y, como era el primer día de vacaciones, estaba lleno. Así que nos corrimos y nos pusimos a un costado, para no molestar. Cuando ya casi no quedaban mesas, mi nena más grande, ella solita sin que le dijera nada, se puso a ordenar y a limpiar. Y, otras veces, ha llevado a las mesas la carta de postres o la cuenta", dice sonriendo. 
Respecto a su formación, hizo el jardín en el N°904 "José Emilio Lunghi". Después fue a la Escuela Primaria N° 42 "Juan Martín de Pueyrredón" y, toda la secundaria, la cursó en el Instituto Brigadier General Martín Rodríguez. "Y de ahí estudié en el Instituto de Gastronomía, que en ese momento funcionaba, en donde ahora está el Colegio Sábato. Fui la anteúltima promoción de gastronomía, porque después cerró", cuenta. Paz obtuvo el título de Técnico en Gastronomía.  

La primera experiencia laboral que tuvo fue mientras aún estaba cursando la secundaria. "Unos primos, que son los dueños de una vinoteca, abrieron un salón comedor en el segundo piso de su local y se les había ocurrido hacer un menú por pasos. Así que acepté y empecé a trabajar con ellos, los sábados", cuenta. 
En el 2008 comenzó a estudiar y trabajaba de mañana, en el sector administrativo del instituto, de tarde cursaba y, los fines de semana, seguía ayudando a sus primos. Tiempo después, el cocinero de ese lugar, Gastón Santamarina, la llamó para que fuera a trabajar con él y su esposa, al Club House del Valle de Tandil Country Club, Golf & Resort. Luego hizo su pasantía en una hostería, "y como quedé con una buena relación, con los dueños, después me llamaron para cubrir francos", recuerda. 

Con el tiempo, Paz logró quedar fija en un restaurante, hasta que el 12 de octubre de 2010, entró al hotel Costa Galana, de Mar del Plata, con un contrato hasta marzo del 2011. Al terminar allí, debió decidir su futuro, por lo que regresó a Tandil, al restaurante en el que se había desempeñado antes de irse de la ciudad. 

En septiembre de ese año, Ricardo Camgros la llamó para decirle que tenía un puesto disponible en Tierra de Azafranes, para estar en uno de los sectores de cocina. "Más específicamente, en la parte de hornos y guarniciones. Así que probé y bueno, desde ese momento, nunca más me fui", narra con un brillo especial en sus ojos.

Una pasión que comenzó en la niñez

Paz recuerda que desde niña disfrutaba mucho cocinar. "Tengo una tía abuela, Raquel Massaro, que va a cumplir 100 años, a la que le encantaba cocinar. Y cuando tenía unos 8 años, más o menos, los sábados, luego de los encuentros de Acción Católica a los que asistía, me iba a almorzar a su casa", cuenta. Y con sencillas recetas, para hacer cosas para el mate, logró engancharla con la actividad.

En su casa, su mamá siempre la dejó cocinar. "A ella le gusta, pero me dejaba también hacerlo a mí. Y, a medida que fui creciendo, me compraba revistas. Es más, mi abuela me las regalaba y los domingos, aprovechábamos para hacer las recetas de las mismas", explica.

No caben dudas de que Paz Vazquez escogió su profesión de manera acertada. Como así tampoco las hay respecto del amor y la entrega que le pone a cada plato que realiza, de la misma manera que le enseñó a hacerlo su tía abuela Raquel Massaro. "Soy una apasionada de mi trabajo. Cuando era chica y me hacían los test vocacionales, mis orientaciones iban para el lado de las Ciencias Económicas. Y sí, me gusta, pero no sirvo. Nunca me imaginé, ni me imagino, haciendo otra cosa", concluye.

Por ello, que este 2 de agosto, tanto ella como todo el equipo de trabajo de Tierra de Azafranes, tengan un merecido día ya que gracias a su dedicación logran que tandilenses y ocasionales visitantes, se sientan como en casa. Cualquiera de los que han elegido la arrocería de Paz y Ricky, para almorzar o cenar (y en eso la cronista se incluye) puede dar fe de esto.

ELLAS TE DICEN
El tema del trabajo, en nuestro país, es algo que me preocupa bastante. Yo trabajo desde chica y, gracias a Dios, siempre tuve oportunidades y si no, me buscaba algo para hacer. Hoy en día veo que esas ganas y energía faltan, por eso intentaría buscarle la vuelta para que las personas no decaigan. Sobre todo las mujeres. Espero que encuentren esa necesidad de hacer, emprender y que busquen algo que las visibilice. Creo que todos somos buenos en algo; sólo hay que encontrar esa esencia y avanzar hacia el futuro. Yo  tengo dos hijas  a las que les transmito esta posibilidad maravillosa que tienen. Puedo asegurarles que se puede. 

UNA ANÉCDOTA
Una noche, cerca de las diez, en un lugar en donde trabajaba como ayudante de cocina, entra un camarero y dice que un cliente quería un omelette con ensalada. Como ese día el cocinero estaba de franco, la encargada de la cocina era yo. Aunque recuerdo que creí que lo que me pedía era fácil, estaba muy nerviosa porque además era muy chica y nunca había visto al cocinero hacer un omelette ahí. No sabía ni qué sartén usar, imaginate que mucha menos idea tenía de la cantidad de huevos que llevaba. Así, empiezo a batir dos huevos, pero me pareció que era muy poco. Entonces le empecé a agregar hasta que tuve cinco. ¡Cinco huevos para un omelette! Ese día, mis compañeros me criticaron y se rieron de mí todo el día. Y desde ahí, me convertí en "la chica que hace omelettes". Creo que es lo peor que hice en mi vida.

Con Ricky, mi marido, somos muy compañeros en el trabajo y eso también, ayuda para lograr ser un buen dúo porque nos llevamos muy bien. Él me incentiva y colabora mucho, en todo. Una gran parte de mi crecimiento y reconocimiento, sin dudas, se lo debo a él.

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