Graciela Maria Agnelli y Daiana Valenzuela, son las caras visibles de un emprendimiento familiar, junto con Francisco Valenzuela. Dos mujeres, dos generaciones distintas comparten la pasión por estar al servicio del otro y sus diferentes posturas sobre el comercio.

Si nos remontamos a al historia de cómo fueron los primeros pasos, donde las personas acudían al intercambio de mercadería para poder abastecerse de alimentos, estamos hablando del "trueque"; los hombres realizaban una costumbre muy sana, que consistía en ir cambiando los productos, hasta llegar al deseado, de esta forma nadie perdía, es decir, se intercambiaba un litro de leche por un kilo de papas.

Para Graciela y su hija Daiana que están al frente del minimercado del Barrio Villa Gaucho, "San Francisco", desde que abrieron sus puertas en el 2010, están abocadas a otro tipo de "trueque" (*) (Acción de dar una cosa y recibir otra a cambio), les interesa poder intercambiar con el barrio, una atención diaria con una sonrisa en el rostro, un buen gesto de solidaridad, una calidez en su atención y como si fuera poco, dado los tiempos que corren, tratar de tener un buen producto a un precio razonable; todo esto hace que día a día se esfuercen como familia, para llevar su minimercado adelante. 

Con el paso del tiempo y el desarrollo industrial, la innovación y demás etapas de la historia, llegó el dinero y con él la oferta y la demanda. El "trueque" fue olvidado y sustituido por un puñado de monedas. Estos intercambios se realizaban en tenderetes a modo de mercado, y en algunos casos en la casa de la familia productora. Dichos tenderetes no tenía organización alguna, por lo que no se cuidaba la presentación de los productos, tampoco importaba, pues el objetivo era otro muy distinto al de hoy en día.

En el minimercado "San Francisco" podemos ver como Daiana, la hija de Graciela, la dueña, con tan solo 20 años, trabaja y se esfuerza por tener todo el tiempo la mercadería ordenada en sus góndolas y si es posible con las etiquetas la frente, al mejor estilo comercial de televisión,  "me gusta mucho reponer las góndolas de punta a punta, sobre todo dedicarme a que los productos queden prolijos y con las etiquetas al frente, cosa que dada la demanda de trabajo, me cuesta mantener".

Antes de adentrarnos en la historia de cómo y cuando abrió sus puestas este minimercado en Tandil, vamos a empezar relatando la historia de sus protagonistas y como surgió la idea de este emprendimiento familiar.

Graciela María Agnelli, es nacida en Capital Federal, donde vivió ahí hasta los 5 años, después se mudaron a Vela, donde los esperaba toda la familia materna y estuvo hasta los 11 años, cuando finalmente sus padres decidieron emprender otro viaje, para buscar nuevos horizontes e instalarse en Claypole, zona sur de Gran Buenos Aires.

Su vida siempre estuvo ligada al comercio, ya de adulta tenia su propio emprendimiento, un almacén, estilo minimercado, donde su casa estaba pegada al local. "Recuerdo que la gente, venia a golpearme las manos en horarios que el local estaba cerrado porque necesitaban comprar algo; el comercio me gusta, es lindo, me gusta mucho el contacto con la gente; aunque debo reconocer que todos los que somos comerciantes, vivimos prácticamente dentro del local, la vida familiar queda un poco relegada".

Graciela conoció a quien hoy es su pareja y padre de su hija, como no podía ser de otra manera, dentro del almacén y como dice el dicho: "si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña"; y así conoció a Francisco Valenzuela; él era un de sus proveedores, encargado de distribuirle el pan. El tiempo paso, se enamoraron y nació Daiana, juntos llevaron adelante un proyecto familiar donde no tardo mucho en incorporarse su hija "yo viví una niñez un poco rara, fue mas trabajo que juegos, al principio ir al minimercado era un juego para mi, yo no llegaba al mostrador y mi mamá me ponía un banquito para que me suba y pudiera atender a la gente; con un poco de vergüenza me lance a jugar a la almacenera y después fue pasando el tiempo y termino siendo parte de mi rutina de todos los días" .

Daiana, iba al colegio medio turno, llegaba  a su casa, almorzaba y después se iba al comercio a ayudar a su mamá; su papá se encargaba de las compras y ella y su mamá eran las que estaban al frente de la atención al publico, la limpieza, la reposición de mercadería entre tantas otras tareas que conlleva un local de esta índole.

Su infancia se mezcla entre jugos con sus compañeras de escuela y sus primos, pijamadas en las casas y horas de estar al frente del minimercado, asistiendo y ayudando a su mamá en todas sus tareas. "Daiana, siempre fue una gran hija, nunca se quejo, nunca hubo un reclamo, siempre nos ayudo con las obligaciones del comercio, fue una nena que no me costo ningún trabajo, y hoy es una mujer con la cual comparto muchas charlas, muchos momentos, siempre la aconsejo y ella a mi; me apoyo mucho en ella, me interesan sus opiniones… es una gran persona".

Entre risas de madre e hija y miradas cómplices, Daiana acota "bueno, por momentos le digo que no me hable tanto… o no me consulte demasiadas cosas… porque ni yo sé (risas)" 

Tandil, volver a empezar!

“Superetes" término francés que se utiliza para referirse a los minimercados, según la definición de la Federación Nacional de Comerciantes, sin ser la tienda tradicional, estos puntos de venta se consideran muy cercanos al consumidor del barrio que con buena apariencia acude a un surtido de productos básicos (alimentos perecederos, víveres, artículos de aseo, son algunos productos que encuentra el consumidor en este tipo de negocio).

En el 2010, decidieron motivados por Graciela, dejar atrás la zona sur y mudarse nuevamente, para instalarse en Tandil, donde su hermana Teresa, 9 años mayor que ella vivía junto con su familia y su padre; para poder darle principalmente otra tipo de crianza a su hija y obtener una mejor calidad de vida. Su hija ya cerca de la adolescencia, iba a querer salir con sus amigas, andar más tiempo en la calle y realmente Bs.As. no le convencía, demasiada inseguridad, quedarse allá era vivir una vida mucho mas limitada para que Daiana se mueva sola, "al principio para mi, fue un gran cambio, bueno, creo que para todos, yo empecé la secundaria acá y me adapte fácilmente, me di cuenta de la libertad con la que me podía mover en Tandil, respecto a lo que me contaba mi mamá de Bs. As.; hoy con 20 años me muevo para todos lados sola, mi mamá esta tranquila; sea en auto o colectivo, no estamos con el corazón en la boca".

Su pareja Francisco, al principio estaba un poco negado en mudarse a Tandil, "yo estaba convencida y sabia que si bien, al principio, iba a costar volver a empezar, finalmente iba a ser mucho mejor el cambio para todos, mi hermana Teresa, nos ayudo mucho para instalarnos acá".

Con la ayuda de su familia, Graciela, Francisco y Daiana con 13 años se mudaron ya teniendo su casa y el comercio alistado, solo le faltaban algunas terminaciones en el frente, no tenían vereda y otras cosas menores, pero estaba listo para abrir sus puertas y esperar a que la gente entre "justo coincidió que el terreno donde construimos el minimercado, estaba cerca de la casa, mi hermana se encargo de buscar el lote, luego se compro y se edifico; fue el destino… agradecida de Dios, porque hizo que todo se fuera dando de esta forma, por suerte la casa no esta pegada como en Claypole; así por lo menos no atendemos después de hora (risas)".

Daiana cuenta que al principio se noto el cambio, adaptarse era mas fácil para ellas que para la gente del barrio, todo lleva su proceso; "éramos nuevas, la gente no te conoce, acá todos se conocen; hasta que de a poco todos nos empezaron a integrar como unos vecinos más, empezamos a involucrarnos con las cosas del barrio, haciéndonos de amigos y siempre dimos  de nosotras lo mejor, todo lo que sea para bien y para la comunidad, siempre estamos dispuestas a ser solidarias, vivimos de la gente y es una retribución".

El minimercado San Francisco, cumple más funciones que las de proveer de mercadería a los vecinos, es un gran punto de encuentro, una cartelera para los avisos del barrio, un lugar donde todo el tiempo la gente se cruza y va dejando sus historias, sus días buenos y malos, sus ánimos, los rostros que expresan tristeza o alegría y todo eso, es un intercambio diario con Graciela y Daiana, quienes están para servir a la gente. "Tener un minimercado de barrio, te hace ser parte de la vida de las personas, a veces funciona como una sesión de terapia grupal para todos, incluidas nosotras, que también nos desahogamos, yo creo que nos fuimos ganando la gente, porque somos genuinas, siempre tenemos una sonrisa para dar y buenos tratos. Estamos todo el tiempo concientes de cuidar el bolsillo de la gente, por eso mi papá viaja a Bs.As. a buscar los mejores precios, para poder brindar buena calidad y un buen precio al publico".

Miradas distintas… sobre el comercio

Dando una mirada al pasado y repasando la historia de cómo pasamos del trueque al  intercambio de mercadería por monedas, podemos detallar algunos puntos de interés, con el transcurso del tiempo, las guerras se sucedieron, así como los avances y los tenderetes dejaron de ser callejeros, para convertirse en caseros, trasladándose a locales cerrados, donde sí se cuidaba la organización así como la conservación  de los productos y de esta forma nació la Venta Tradicional. Este  tipo de venta, se caracterizaba en el hecho de que la venta se realizaba en un local cerrado, con un mostrador, que funcionaba a modo de separación física, permitiendo la distinción entre vendedor y cliente, al mismo tiempo, detrás de dicho mostrador se colocaban los productos, a los cuales sólo tenía acceso el vendedor. Este nuevo concepto de compra es llamado Gran Autoservicio!.

San Francisco, hoy forma parte de una gran familia barrial, Graciela y Daiana, junto con su papá; lograron llegar al corazón de la gente y formar parte de esta comunidad. "De la gente lo que más nos gusta es que te pones a charlar y empezás  a conocer otras vidas, otras historias, por ahí uno esta mal y te hacen un chiste y te cambia el animo; mi mamá y yo vivimos casi todo el tiempo pegadas, que podría decir, que me sorprende lo bien que nos llevamos, somos muy compinches y somos familia y como si fuera poco trabajamos juntas".

Graciela es una persona muy abocada a su trabajo, su vida cotidiana pasa por el comercio, por el contacto con sus vecinos, por servirles, tanto que si tiene un turno de médico o hacer algo en horario de trabajo, lo cancela, primero y segundo esta el minimercado "a mi mamá le gusta mucho el comercio, pero es muy sacrificado, es una persona muy trabajadora, honesta, una muy buena madre y una gran persona, aunque un poco cerrada, pero estar en la caja le gusta, porque es estar en contacto con la gente; yo diría que lo que tiene pendiente es ocuparse más de ella, de disfrutar y conocer más". Graciela emocionada frente a las palabras de su hija, lo único que acota es: "me gustaría poder hacer viajes en familia y solo me arrepiento, de no haber sabido buscar un equilibrio entre mi trabajo y mi familia, me perdí de compartir mucho tiempo con mi hija, sobre todo en la niñez". 

Daiana, con una mirada de mujer joven, que conoce de cerca las obligaciones y demandas del minimercado, decide ayudar en todo lo que pueda a su mamá con el comercio, pero reconoce todo el sacrificio que conlleva y que prácticamente su vida pasa por ahí. Decide para su futuro apostar por otro camino, otra mirada distinta de la de su madre, estudiar una carrera, para poder tener otra salida laboral y no quedar presa de lo que un comercio encierra "yo en el minimercado ayudo y opino en todo, pero este comercio es de mis papás, me gustaría que  puedan encontrar un equilibrio entre el local y la vida privada, para poder disfrutarlos un poco mas. Cuando yo terminé la secundaria, no quería estudiar, quería trabajar y después al experimentar día a día lo que significa estar metida tantas horas acá, decidí estudiar una carrera que tenga que ver con estar en contacto con la gente, porque eso me gusta mucho, pero que me de mas libertad, como: martillera y corredor publico, que si todo me sale bien, en el 2018 me recibo. Acá se te va la vida… no tuve infancia ni adolescencia… el comercio  te lleva a perder algunas cosas, porque siempre tenés que estar".

DE MUJER A MUJER

Para Daiana es importante poder dejar este mensaje: "esta bueno pasar por la experiencia del trabajo cuando se termina el secundario o bien en los últimos años de cursada, trabajar te hace dar cuenta de cuanto cuesta que los padres ganen un salario, te enseña responsabilidades y a valorar todo lo que ellos hacen por nosotros; pero es importante no perder los objetivos personales, los sueños, los deseos de uno y si uno como hijo no quiere seguir el mandato familiar, pelear por ello; por suerte mis padres me apoyan en todo y  me ayudan a que yo pueda seguir mi camino, no me exigen hacerme cargo del minimercado; sí estoy es porque quiero ayudar. Es como que el trabajo te sirve para darte cuenta de otras cosas, sobre todo cuando sos adolescente".

Para Graciela, el mensaje esta dirigido a todas las mujeres comerciantes, "hay que tirar para adelante siempre, hay momentos difíciles, pero uno tiene que ser consecuente, el objetivo se logra, aunque se tarde más y para todas las colegas, mi sugerencia es que puedan encontrar un equilibrio entre la familia y el negocio… no obsesionarse con el trabajo, la gente se acostumbra a los días y horarios de comercio que uno establezca; el tema es, que uno piensa que al cerrar un día, dejas a la gente sin donde comprar, pero después te das cuenta, que la gente se acomoda, te espera… entiende que vos también querés y tenés una vida por fuera del comercio".

Gracias a todos los vecinos por estar! Graciela y Daiana Minimercado "San Francisco".

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