Por Lucía Argemi 
Lic. en Comunicación Social 
SUPLEMENTO MUJERES


“Asunti”, como la llaman desde pequeña, está desde 1999 al frente de la hostería “Ave María”. A pesar de la timidez que la caracteriza, se animó a compartir sus experiencias y recuerdos, respecto de lo que fue la concreción de un sueño que tuvo en la infancia. Sin dudas un relato que invita a atreverse a querer algo con mucha fuerza.

8 km del centro de la ciudad hay una hostería. La misma fue pensada, soñada, armada, trabajada (y esto aún lo hace) por Asunción Pereyra Iraola. “A los trece años, mis papás nos llevaron a mí y a tres de mis hermanos, a pasear a Europa, durante un verano. Recuerdo que en un pueblito llamado Rothenburg ob der Tauber, nos hospedamos en el hotel Romantik. Ahí me apasioné con ese lugar. Además me pareció fascinante la historia de poder conocer gente. Ese día dije que alguna vez tendría uno propio”, explica.

Con el correr de los años, Asunti, como la llaman sus cercanos (de hecho está convencida de que si le gritaran por la calle su nombre, no haría caso) se olvidó de eso que había dicho de niña. Sin embargo, la sabia vida siempre se las rebusca para colocar a las personas frente a sus verdaderos caminos. 

Como en Buenos Aires la carrera de Hotelería no estaba, estudió la de Turismo. Y en el ´86, se vino a nuestra ciudad detrás de un hombre: “Me casé con José Zubiaurre. Él tenía trabajo acá, y surgió la posibilidad de venir a vivirnos adonde él trabajaba. Y yo estaba encantada, porque me gusta mucho el campo”, dice. 

Así, años después de casada, le resurgió la idea de poner un hotel. “Recuerdo que arranqué, pero estuve mucho tiempo buscando un lugar”, explica. Entonces fue gracias a su marido, quien hoy continúa siendo su apoyo incondicional, que consiguió el espacio en el que está la hostería Ave María. “Él llamó a un amigo de mi suegro y así lo encontré. También tengo la certeza de que se dio en un momento en el que dejé que todo descansara en las manos de Dios”, narra. 

Si bien, durante el proceso, Asunción jamás bajó los brazos, en un momento miró al cielo y le pidió a Dios que le dijera para dónde iba la vida. “Como no encontraba lo que quería, creí que quizás Él necesitara otra cosa de mí. Hasta que comprendí que tenía que relajarme y confiar. Como dice San Agustín: trabaja como si todo dependiera de vos y vive como si todo dependiera de Dios”, relata.

La búsqueda que duró dos años, culminó con el encuentro de un lugar hermoso en el que por fin vio plasmado su sueño de la infancia. Y hoy, lo pueden compartir no sólo con tandilenses y turistas, sino también con sus sobrinos y alguno de sus hermanos. “Tengo seis hermanos en total. La mayor falleció hace ya 10 años. Y de ellos, cuatro están viviendo acá. Además, de mi lado tenemos 18 sobrinos y del de José, 16. Creo que los sobrinos son lo más porque te permiten que por momentos seas la madre y, por otros, compinche. Entonces es divertido. Que los eduque la mamá y los malcríe la tía”, comenta risueña.

Su hostería Ave María

La hostería comenzó a funcionar a finales del año 1999. Más específicamente un fin de semana largo del mes de octubre. “Ahí inauguramos y fue muy divertido. Resulta que una conocida tenía el casamiento de una sobrina en Tandil. A la hostería la estaba pintando por todos lados, le ponía voladitos, cortinas. Nunca abría. Y esta chica me llama y me pregunta si estaba funcionando y, sin pensar, le digo que sí y le corté. Ese fin de semana quedó inaugurada”, recuerda agradecida a esos “ángeles” que la apuraron. 

Al momento de pensar un nombre, Asunti, no quería poner nada que tuviera connotación con algún credo, ni que estuviera en otro idioma. Por ello, envió al Registro de Marcas, un montón de nombres. “Por ejemplo Amancay, como le decían a mi mamá; Lavanda, porque es lo que cultivo. Y hasta se me había ocurrido el de Cuatro estaciones, porque Tandil me gusta en todas las épocas del año. Pero, a ése se opuso una cadena de hoteles muy importante”, cuenta. 

Un día llamó a su hermana mayor Agustina, “que era piolísima, una genia”, y le consultó respecto del nombre para la hostería. Rápidamente ella le dijo: “Ponele Ave María, como la casa de la abuela en Córdoba y dejate de dar vueltas…”. 48 horas después, le contestaron para decirle que dicho nombre estaba autorizado. “Yo soy católica, pero un nombre así no sabía si marketineramente podía funcionar o no. Igualmente pensaba, y aún lo hago, que es hermoso porque además, allá hay un monte con una Virgen, que ya estaba cuando compré el lugar”, explica.  

En la hostería Ave María, todo fue minuciosamente pensado para hacer honor al sueño de Asunción y al cariño que siente por su familia. Tal es así que las primeras ocho habitaciones llevan los siete nombres de ella y sus hermanos, y la octava, el de su marido. “El huésped puede elegir hospedarse en la habitación  Agustina, Alberto, Albertina, Andy, Leo, Asunti, Ángeles o en la Y José. Así somos siete hermanos y un marido”, dice con una sonrisa que delata su gran ocurrencia. 

Años más tarde, logró construir otras tres, a las que nombró Lucas, Graciela y María José, como forma de reconocimiento a los empleados que están con ella desde el día uno. Para la designación de los espacios, hizo un sorteo. “Invité a mis sobrinos a tomar el té y les di papelitos para que repartieran por las habitaciones. Cuando terminaron, las recorrimos y según lo que decía dentro del mismo, sería el nombre que le quedaría a cada uno de esos lugares”, narra. 
Asunti, se dedica un cien por ciento a su marido, a la hostería Ave María, a la huerta y al jardín, actividades que desarrolla junto a un hermoso grupo humano que la acompaña a diario. “Tengo una enorme satisfacción con la gente que trabaja conmigo. Conocerlos y estar con ellos, es un enorme placer”, dice convencida de que su hostería está compuesta por una gran familia. 

Con clientes que repiten la estadía, una o dos veces por año, desde hace 16 años; con mensajes en el libro de firmas que ponderan el lugar y le dan la certeza de que su sueño ha hecho feliz a más personas, y no sólo a ella; y,  junto a los que trabajan a su par, para hacer de su hostería Ave María un excelente espacio, en todos los sentidos, no caben dudas de que este 2 de agosto, Día del Empleado Hotelero y Gastronómico, tanto ella como Lucas, Germán, Graciela, María José, Celeste, y los que trabajan afuera del hostal, Martín, Iván y Miguel, merecen un gran saludo. 

Y Asunción Pereyra Iraola, una mujer que se define como arisca, se ganó un reconocimiento especial porque pone a la vista de los lectores, algo que muchas veces se olvida; y es que los sueños se cumplen y, una vez ocurridos, se disfrutan de la mejor manera. Y no lo dice sólo la cronista, sino también los amigos y clientes que visitan la ciudad y vuelven a la hostería Ave María, porque necesitan ver el resultado de desear algo con mucha fuerza.

ELLAS TE DICEN
A los tandilenses les diría que viven en el lugar más lindo del mundo, porque Tandil es precioso. Y a las mujeres, que enfrenten con pasión la vida que tienen, que no bajen los brazos, a pesar de las piedras y escollos con los que siempre se puedan encontrar; que recen, que crean que Dios va para adelante, que ayuda y está ahí al lado del que lo requiere.
Disfruten cada etapa, instante, momento; quieran fuerte lo que hacen y ríanse mucho. 

AVE MARÍA
En la hostería tenés el servicio de alojamiento, con desayuno o cena. También podés almorzar y tomar el té. De hecho si llamás y reservás podés ir a merendar. Es muy rico todo lo que hacemos, porque es bien casero. Otras cosas que se pueden hacer en Ave María son cabalgatas, bicicleta y, en el verano, hay pileta. Si querés conocer un poco más, podés visitar su página de Facebook, que es: Hostería Ave María Tandil; o su página web: 
www.avemariatandil.com

Cuando tenés un proyecto propio, pensar que lo vas a poder hacer, te genera más adrenalina. Es como cuando encontrás la carrera que más te gusta en el mundo y sabés que no te importa que alguna de las materias no te guste. Es una pasión que una tiene, aunque después te das cuenta de que hay otro montón de cosas que no previste o no sabías que también eran parte de eso. Sin embargo, para que te salga, también tenés que hacer eso que no te divierte. Así en un poco la vida.

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