Es Licenciada en Diagnóstico y Gestión Ambiental y hace unos años, fue parte del equipo de la Dirección de Medioambiente local. Actual docente de la carrera que la formó y profesional en “El Rancho de Popy”, aporta su mirada sobre la situación del entorno tandilense.

l ambiente es un bien común. La conciencia ambiental es la manera en que un sujeto se apropia de ciertos valores, de ciertas creencias, de ciertos conocimientos y los traslada hacia el comportamiento, el hábito y la conducta. “Uno puede construir una conciencia ambiental y, a veces, tener prácticas que no sean parte de esto. Y eso ocurre porque no tiene esa información o no están los medios dados para que  lo sepa”, explica Carolina Verellén.

Sin embargo, dicha práctica es muy difícil de medir por lo que ella prefiere referirse a una conducta, a través de la cual se puede ir construyendo una conciencia que, a su vez, va a orientar el camino que hay que seguir. “En Tandil, sí existe y se está construyendo. Hay instituciones muy involucradas para que esto ocurra. Y tiene que ver con lo que uno se identifica y vive”, cuenta la Licenciada.  

Para Carolina aprender respecto del tema, podría evitar que los sujetos se manejaran de forma incorrecta. “No hay una linealidad en las acciones. Tenemos que aprender que lo que yo decido, afecta al otro y que todos formamos parte de este sistema. Lo más pequeño que haga, sí va a cambiar algo”, afirma. 

Aunque el medioambiente es un tema que la compromete, pues es  lo que eligió para dedicarse en gran parte de su vida, la pasión, el profesionalismo y la seguridad con que se refiere al tema, hacen que sea imposible no prestarle atención. Además, otro punto a favor, es que no ve al tema como algo perdido o que se encuentra en estado crítico, sino que tiene la certeza de que con educación e información, cualquier acción sobre la que uno tome conciencia, puede generar grandes cambios. 

Con respecto a la comunidad, “nuestro mayor desafío según mi formación, tiene que ver con la ordenación del territorio. Si bien tenemos un plan de desarrollo implementado, que no muchas ciudades poseen y que puede gustar o no, considero que el desafío está en poder participar, por ejemplo, en esto del Acuerdo del Bicentenario. Ahí hay un pilar que es ambiental. Por ello me parece que estaría bueno poder involucrarse con los objetivos como ciudad; y que el término ambiental y las gestiones estén en la planificación estratégica, anticipándose al conflicto”, cuenta. 

Y, a dicho desafío, habría que sumarle el de la gestión del recurso hídrico y la gestión de residuos; abocarse sin diferencias a todos ellos. “Esto último es una deuda pendiente en todas las dimensiones. Y no me refiero sólo a la bolsita que sacamos de casa, que eso sería el menos problemático”, narra. Y agrega: “¿Y cómo lo hacemos? Comprometiéndonos como sociedad, a generar menos y a ser más propensos al cambio de prácticas. Ver qué hacemos bien, qué hacemos mal y cómo lo podemos cambiar. Porque la gestión de estos residuos es propia de mi casa, es lo que comemos y generamos en el hogar, que va de la mano con la educación ambiental, con el comportamiento del ciudadano, respecto a todo lo que tiene que ver con lo que es propio y lo que es el bien común”. 

Compromiso asumido

El 5 de junio pasado, se celebró el Día Mundial del Medioambiente. Dicha fecha tiene como principal objetivo concientizar a la sociedad respecto de la necesidad de llevar a cabo un desarrollo sostenible, para preservar el medioambiente. Asimismo, busca promover la atención y la acción política al respecto. 

En nuestra ciudad, desde hace tres años, se le dedica una semana completa a la realización de actividades y charlas, como parte de la celebración de dicha fecha. “A través de esto también se busca darle visibilidad a la importancia que tienen las instituciones en la sociedad. La UNICEN, por ejemplo, tiene llegada a gran cantidad de actores. Entonces se busca darle espacio a estas personas, que todos los días están recordando al medioambiente y hacen prácticas que tienen que ver con su conservación”, dice. 

Carolina trabajó durante un tiempo en la Dirección de Medioambiente local, como profesional técnico del ambiente. “Fue una experiencia increíble. Éramos muy pocos. Me acuerdo que entré a los seis meses de inaugurados los Punto Limpio, para poner en marcha un plan de educación ambiental”, cuenta. Como había tenido algunas experiencias en capacitaciones, quedó vinculada exclusivamente a eso y luego, la contrataron para seguir con otros proyectos.

Durante los casi dos años y medio que formó parte de dicha Dirección, considera como una fortaleza, el vínculo que se estableció con las instituciones. “Todos los que trabajan en ambiente son personas comprometidas. La gestión de los últimos tiempos, que se gestó con la construcción del espacio, es muy buena. Además, la posibilidad de diálogo siempre está”, afirma.  

¿Qué es la gestión ambiental?

La formación de Carolina Verellén, siempre estuvo orientada a las Ciencias Humanas. Cuando terminó el secundario en el Colegio San José, en 2002, estaba entre dos carreras para elegir. “Uno, generalmente, se orienta a las carreras de los docentes con los que más afinidad tuvo. En biología, los míos fueron excelentes. Y, con la pasión con la que daban la materia, me inspiraron a querer hacer lo mismo. Aunque uno después descubre que por ahí no tiene tanto que ver el tema, sino el poder enseñar con la misma pasión”, dice. 

Así, pensó que debía estudiar Biología, con orientación en Ecología, o algo que tuviera que ver con lo ambiental. Si bien tenía un primo que estudiaba algo similar, no conocía ninguna carrera. Por lo que, sumado a la crisis del país, decidió averiguar primero qué ofertas había en la ciudad.  “En todas las carreras, me fijaba qué materias tenían, no sólo el título que otorgaban sino qué propuestas brindaban porque  yo quería también disfrutar el proceso. Me parece que a la formación, para que sea de calidad, uno tiene que disfrutarla. Y bueno, cuando di con la Licenciatura en Diagnóstico y Gestión Ambiental, vi que tenía todo lo que quería y pensé que estaba hecha para mí. ¡Esto es lo mío!”, dice con una sonrisa.  
Carolina comenzó en la Facultad de Ciencia Humanas y, desde un primer momento, disfrutó la carrera “en su totalidad. Lo que yo experimenté es lo que impulsan mis ganas de seguir participando hoy en día, para que otros puedan descubrir lo mismo que yo”, explica la actual docente de las materias de Población y Recursos Edáficos, de tercer año; y de Taller de Formulación de Proyectos Ambientales, de cuarto. 

Un Licenciado en Gestión Ambiental se dedica a muchas cosas. Si bien es un campo que parece nuevo “o que está de moda”, la carrera, en nuestra ciudad, surgió en 1996. “Fue una de las primeras carreras ambientales que apareció en el país, en Universidades Nacionales”, argumenta. 

Con un poco más de 100 graduados en su historia, la Licenciatura forma profesionales que pueden trabajar tanto en el ámbito público, como en el privado. “Yo me involucré un poquito en todos. En lo privado, podemos hacer  evaluaciones de impacto ambiental, o auditorías ambientales. También hay mucho trabajo en al ámbito de la educación, aunque nuestra carrera no tiene un perfil docente, sí estamos muy preparados para brindar los contenidos que aparecen para los distintos niveles educativos”, cuenta.

Y, desde el punto de vista público, los egresados se pueden desempeñar  en Direcciones de Medioambiente, o en institutos que tengan que ver con dicha temática. “Hay muchas situaciones de vulnerabilidad que tienen que ver con problemas ambientales o servicios que no se han provisto, entonces ahí se trabaja con ellos. Y también, podemos ocupar cargos políticos, en todo lo que sea toma de decisiones, o asesoramiento de funcionarios, sean provinciales o nacionales. Cada tema tiene su área de decisión, así que también uno estaría en condiciones de poder colaborar”, explica. 

Para Carolina Verellén, la característica principal que tiene la carrera es que está en una Facultad de Ciencias Humanas. “Y eso hace que tengamos primero, una formación orientada hacia el comportamiento de las personas. No es que lo modifiquemos, pero sí trabajamos en la razón por la cual se producen esos impactos, cómo se construye esa naturaleza, esa relación con la naturaleza, que es el ambiente básicamente. En lo ambiental, siempre está presente el ser humano”, dice.

En un futuro, ella ve a la Licenciatura en Diagnóstico y Gestión Ambiental, con un gran crecimiento en calidad y en cantidad. “Y con lo primero, me refiero a que muchos egresados se han ido a especializar afuera y vuelven para ayudar con la formación de los futuros profesionales”, narra. 

Su familia y la actualidad

María Carolina Verellén nació el 30 de diciembre de 1984. Hija de Pedro Verellén y de María Eugenia Torterolo, es la segunda de cinco hermanos: María Eugenia, Tomás, María José y un hermanito que falleció al mes de nacido. Y, hace cuatro años, que está casada con un colega “al que conocí después de la cursada, por un grupo que formamos de hobbie”, relata. 

Hoy en día, se dedica a ejercer la carrera que estudió. En “El Rancho de Popy”, la contrataron por ser profesional del ambiente y también “por tener un perfil para generar contenido, en todo sentido: a nivel de capacitaciones o de darle una vuelta de rosca a alguna situación que se plantea, ya sea de recursos humanos o económica, con la capacidad  para poder relacionar diferentes variables y resolver una situación, sin llegar al conflicto”, explica. 

Su forma de hablar, deja bien en claro que disfruta de su labor. Y, aunque siempre supo qué era lo que quería hacer, a lo largo de su vida ha tenido que tomar decisiones que la han llevado a detenerse a pensar en muchas cosas. Sin embargo, un consejo que siempre le dice su padre, la ha ayudado a sortear toda situación de incertidumbre. “Mi papá es un tipo muy serio, templado, inmutable. Pero siempre que he tenido que tomar una decisión difícil y no he sabido qué hacer, sus palabras han sido las siguientes: la decisión más difícil, generalmente es la correcta”, concluye. 

Como Licenciada en Diagnóstico y Gestión Ambiental, Carolina siempre tuvo en claro que el ambiente es un bien común. Y como persona, teniendo presentes las palabras de su padre, comprendió que si hacer lo más acertado, cambia alguna situación, eso siempre va a valer la pena. Por ello, esta cronista supo desde un principio que dedicarle un tiempo a esta historia, sería algo enriquecedor ya que no sólo aporta una cuota de actualidad a la situación ambiental local, sino que le permite sentirse encaminada, al presentar otra mujer que pisa fuerte y seguramente, dejará su huella en nuestra ciudad. 

PUNTO LIMPIO

Es un lugar cerrado, que depende del Municipio y donde cada residuo, tiene una institución atrás. Así, en lugar de otorgar un subsidio, se ayuda a dichos establecimientos, que dan oportunidades a otras personas, brindándoles un ingreso. Por ejemplo, el material tetra brik que se junta, es parte de un proyecto llamado “Creando valor compartido”, que ganó un financiamiento del Estado, para implementar una carpintería solidaria. Por ello, hay mucha gente que trabaja de manera voluntaria, acondicionando los tetras. 
Tetra Pack, que es la empresa, tiene un compromiso social de hacerse cargo del residuo, de la cuna a la tumba. Entonces, Mesa Solidaria de nuestra ciudad, se puso al hombro el proyecto y juntó siete instituciones, entre las que estaba Punto Limpio y se dedicó a recuperar tetras para hacer una mueblería. Así, le enseñó a los chicos a trabajar en carpintería y, de este modo, ellos mismos podían generar su sueldo. En todo el país, hubo tres proyectos financiados y el segundo fue de Tandil.  
Y, para la etapa anterior, que consistía en la manera en que se podría juntar dicho material, se creó otro proyecto llamado “Promotores ambientales”, en la Facultad de Ciencias Económicas. Allí, chicos que iban al Centro de Formación Laboral (CFL), usaban el espacio de la facultad para aprender sobre reciclado. Se creó una cadena de valor que empezaba y terminaba en Tandil. Lo mismo ocurre con las computadoras. Punto Limpio es uno de los pocos centros, en la Provincia de Buenos Aires, que recibe, recupera las computadoras y las dona. 

ELLAS TE DICEN

Una de las frases que más me marcó en mi formación, y tiene que ver también con la educación y con lo que uno hace (porque soy de Tandil, amo mi ciudad, me formé acá, vivo y quiero que Tandil sea la mejor ciudad, el mejor hábitat) es la que usé en distintas situaciones de la vida, en distintos mensajes: “para dejar una huella no importa el tamaño, sino el signo que indique que pasaste por ahí”. Y creo que de eso se trata un poco la vida,  de entender que una pequeña acción provoca un cambio y que todo lo que hagamos, nos transforma. 

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