El tandilense Víctor Laplace fue entrevistado por la periodista  Tatiana Schapiro  de Infobae y  confesó abusos que sufrió en el Colegio y que nunca pudo contarle ni siquiera a sus padres.

Victor Laplace fue entrevistado por Infobae, y en el transcurrir de las preguntas sobre la obra que tiene en cartelera junto a Thelma Biral, La herencia de Eszter, su llegada a Buenos Aires, su trabajo en la metalúrgica a los 14 años, su familia y Tandil, confesó las vejaciones sufridas en el Colegio San José donde estuvo semipupilo.
—¿Qué quedó de la infancia en Tandil?
—Todo, porque tengo ahí mi corazón. Mi madre, mi padre están enterrados allí y mi hermana vive allá. Fui muy feliz siendo obrero metalúrgico a los 14 años mientras recitaba poemas de Shakespeare al torno y a la fresadora. Y la alegría de tener mi espacio, mi casa en las sierras e ir a jugar al tenis y a jugar un poquito al golf, que estoy empezando. Soy de ahí y voy a terminar allí.
—¿Y el colegio de curas?
—No tengo buenos recuerdos. Yo soy un hombre de mucha fe y voy a hacer una película donde voy a rozar levemente el tema de la pedofilia. Fue duro para mí porque fui muy maltratado por los curas y no lo he dicho nunca. Éramos muy chicos -9, 10 años-, y había mucho maltrato físico. Es un caso que se sigue dando.
—Ahora se habla más del tema.
—Antes no se podía hablar. Yo a mi madre no le podía decir. Mi madre me llevaba a la iglesia, a la misa de 7 de la tarde. ¿Cómo le iba a decir? Uno sentía entre vergüenza, pudor y desazón de estar en manos de tipos que, lejos de hacernos creer que había un Dios o un Jesús, eran una cosa espantosa. Vos me preguntás esto y yo te contesto. Es la primera vez que lo digo en un medio.
—No te quiero llevar a un lugar que te haga mal.
—No, me he analizado durante muchos años para salir de esa situación.
—¿Estamos hablando de maltrato físico o estamos hablando de cuestiones sexuales?
—El maltrato físico incluye la sexualidad mala.
—¿Cómo se sale de eso?
—Muchos años de análisis, con muchísima penuria y sin saber qué hacer muy bien con la fe que uno tiene. Yo creo que hay un ser superior, que existió Jesús. Creo que la mejor frase de la historia es: "Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen". Se trata de elaborarlo, de perdonar y de seguir adelante.
— ¿Eran cosas que te pasaban a vos o eran cosas que les pasaban a tus amigos?
—No, a muchos compañeros. Yo además tuve por contagio un principio de tuberculosis, porque estábamos medio pupilos con los curas y nos contagiaron muy feo.
—O sea, te contagiaste en lo físico y te enfermaste psíquicamente al ver compañeros abusados.
—Sí, claro. Hacían cosas espantosas y trabajaban con la buena fe de un niño. Eso es imperdonable.
— ¿Qué te pasa hoy como adulto cuando ves eso?
—Pienso: "Pobre gente". Trato de perdonar. Como he tratado de perdonar otras cosas que me pasaron en la vida. Y de perdonarme a mí también. Yo no era cómplice.
—Uno a los 9 años no puede ser cómplice.
—En ese sentido creo que el teatro y la fábrica me salvaron, me hizo bien.
— ¿La militancia?
—También. Éramos muy jóvenes y con tantos otros compañeros íbamos a los barrios a hacer teatro en las villas y a hablar sobre la problemática del barrio.
—¿Te mantuviste dentro del catolicismo o la fe quedó en Dios y te alejaste de la Iglesia?
—No, Dios quedó en la profesión, a favor de la fe. Yo no me siento ningún elegido, pero trato de hacer muy bien mi trabajo y ser útil en lo que hago porque es mi manera de que la fe se expanda.
— ¿Cuando ves, por ejemplo, a un Grassi condenado por la Corte Suprema y a un Papa argentino que no se manifiesta al respecto, te pasa algo?
—Estamos prisioneros de estas torpes cadenas que somos los seres humanos. El Papa también está prisionero -de una manera u otra- de gente que lo condiciona, que no lo deja ser libre. Estudio mucho y trato de analizar las cosas. No soy quién para juzgar, pero sí ver y darme cuenta de que los seres humanos estamos en problemas.
—Pero yo espero que, si alguien se mete con los chicos, tenga una condena mayor. A mí me duele lo que me contás.
—Y… es que no se puede creer. Además, es interminable. Imaginate lo que me ha dolido. Ahora lo puedo contar con cierta tranquilidad, pero sufrí mucho con ese tema.
— ¿Tus padres lo supieron después?
—No, no lo supieron. Mi madre fue una vez al colegio y se negó todo. Éramos burlados por los otros compañeros que veían eso. ¿Entendés la vejación adónde llega? En ese sentido creo que el teatro, la literatura, la poesía, el amor, me han ido salvando.
—El arte.
—El arte es absolutamente sanador. Y por supuesto voy a hacer una película sobre el tema, se va a llamar Los niños expósitos. Calculo que estaré filmando en diciembre, si Dios quiere. En Tandil.

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