Por LUCÍA ARGEMI

A unos 28 km de la ciudad de Tandil hay un cruce al que se lo conoce como Cuatro Esquinas. En el sitio, que también demarca la entrada al pueblo de Azucena, hay un almacén atendido por una joven pareja, que se dedica a la cría de ovejas y a la elaboración de quesos, yogur y dulce de leche ovino y, a su vez, forma parte de los circuitos de turismo rural que nuestra ciudad le ofrece a vecinos y ocasionales visitantes.  

Romina Somi y Fabían Bugna, viven y trabajan en un viejo almacén de Cuatro Esquinas, “que tiene una historia de 20 años. Durante 16, estuvo mi papá- cuenta Romina- y hace 6 que estamos nosotros, porque nos parecía un lugar hermoso y fue lindo saber que, al adquirirlo, podríamos seguir con la tradición de conservarlo”.

Junto al tambo de ovejas, con el que comenzaron en 2006, el espacio hoy se ha convertido “en una gran posibilidad para dar a degustar y ofrecer nuestros productos. Fue una decisión que nos potenció con ambos emprendimientos”, afirma Romina, en relación a la actividad de la cría de ovejas y a la elaboración de productos con leche de dicho animal, que también comercializan. 
Además, hace dos años, “pudimos comenzar- cuenta- a realizar la fabricación en nuestra propia sala elaboradora, por lo que hoy contamos con un espacio que nos permitió hacer otras variedades de queso de oveja, dos tipos de leche (ovina y vacuna) y dulce de leche y yogurt con leche de oveja”. Todos productos conocidos bajo la marca Cuatro Esquinas, “porque ese es el nombre del paraje donde estamos”, agrega.

Otra opción turística para Tandil

El turismo rural es una actividad turística que se realiza en un espacio agreste, o natural, habitualmente perteneciente a pequeñas localidades o fuera del casco urbano de grandes ciudades. Dicho eso, el almacén de Cuatro Esquinas, forma parte de este tipo de turismo, ofrecido por la ciudad de Tandil, desde el 2014.

“Ese año, conocimos a María Elena Valdez- Licenciada en Turismo y coordinadora del grupo de turismo rural local- que nos acercó la propuesta. A nosotros nos interesó, porque hasta ese momento, el almacén se manejaba como de ramos generales o un bar de copas para gente que estaba de paso. Pero aún no se lo había explotado”, reconoce Romina. 

Tanto ella como su marido, al quedar a cargo del lugar, buscaban poder darle “esa vuelta de tuerca”, porque la realidad del campo había mutado y el almacén lentamente iba dejando de cumplir su función. “Estos lugares sobreviven porque uno le tiene que hallar la vuelta, por el lado productivo. Así que la propuesta de formar parte del grupo de turismo rural, era lo que estábamos buscando”, afirma.  

Al observar todo el camino recorrido hasta la actualidad, Romina Somi sostiene que “de la mano de Valdez, hemos crecido un montón, porque es una persona que sabe mucho. Y gracias al turismo rural, hemos tenido la posibilidad de participar en ferias muy importantes y de recibir en nuestro almacén, a periodistas muy conocidos, que nos han hecho notas para medios nacionales”.

Así, la posibilidad de ser parte de dicho circuito tandilense, para el matrimonio significó la apertura de “una puerta insospechada, porque nunca imaginamos que de la mano de un almacén y de una producción de quesos, íbamos a poder llegar a despertar la curiosidad de tanta gente y hasta ser parte del capítulo de un libro (Desconocida Buenos Aires de Leandro Vesco)”, dice con una sonrisa.

La modalidad, además, de a poco empieza a ser elegida por distintos turistas. “Me guío- explica- por los comentarios de los que nos visitan y creo que  han empezado a buscar estos espacios, porque el trato es diferente y se está en contacto con el dueño del emprendimiento, porque uno tiene más tiempo para dedicarle a esa persona que llega. Los podemos conocer y a parte de su historia, también”.

Y siguiendo esa línea, continúa: “a ellos les gusta escuchar las historias de uno. Creo que más allá de los paisajes, que son bellísimos, es muy importante el trato humano. Y después en cuanto a productos que uno puede ofrecer, tiene que ver con el conocer cómo se elabora, de dónde viene aquello que se consume y el cuidado a los animales. La gente valora mucho todo eso. Recibirlos como en casa, creo que ese es el concepto más importante”. 

El 2019 del emprendimiento Cuatro Esquinas

Si bien ha sido un año económicamente difícil para muchas personas, Romina piensa que “a pesar de que el dinero no sobra, la gente busca salir de los circuitos tradicionales y conocer estos lugares, donde quizás hay más tranquilidad y pueden adquirir productos como los nuestros, totalmente naturales, sin aditivos ni conservantes”.

El corriente- más específicamente el 22 de septiembre pasado-, además, de la mano de Tomás Migoni- que tiene un programa llamado Pueblos a la Mesa- participaron de la primera Fiesta del Almacenero. “El evento se desbordó de gente. Tuvimos un almuerzo al aire libre, con asado, y hubo músicos y una feria de productores de la zona. Fue una fiesta muy linda”, recuerda. 

Otro gran acontecimiento del que el almacén Cuatro Esquinas fue parte durante el 2019, fue de la presentación del libro de Leandro Vesco- Desconocida Buenos Aires. Historia de frontera-. También, forman parte del clúster quesero local y, a través de ellos, “estamos armando visitas al tambo, para que la gente conozca un poco la producción y podamos contarles de qué se trata todo esto”, explica. 

Desde aquella invitación a formar parte del circuito de turismo rural de la ciudad serrana, hasta todos los logros obtenidos durante el año que termina, “nos hemos encontrado con un mundo de cosas que no sabíamos que se pueden hacer, desde un espacio tan simple y tan común como un almacén de campo y una producción”, dice Romina. 

“El interés por el emprendedurismo estuvo siempre en la familia”

Con esas palabras, Romina se refiere a los primeros años de trabajo junto a su marido. “Con Fabián nos casamos muy jóvenes. Él trabajaba en el campo y las aspiraciones a tener algo distinto y nuestro, de probar cosas nuevas y tener algo que nos permita una libertad económica y familiar, estuvieron siempre. Hemos iniciado otras actividades que no prosperaron”, continúa.  

Su trabajo con las ovejas, comenzó hace 15 años, “por accidente- recuerda-, porque en el campo donde estábamos viviendo, nos permitían tener ovejas para consumo. Así que mi marido se enteró que cerca había cerrado un tambo y vendían ovinos, que tenían crías de mellizos y trillizos. Si queríamos vender cordero había una gran cantidad, pensamos”. 

La actividad en el “mundo del tambo de ovejas”, para el joven matrimonio pertenecía a algo “fascinante. Y lo reafirmaron, cuando el empleado del lugar “nos mostró las instalaciones abandonadas”. Aquella jornada, compraron algunos animales para su campo e iniciaron con su labor. 

Cuando aquellos animales comenzaron a tener crías, “algunos corderitos quedaron guachos porque la mamá, en ocasiones, no cría a todos, y como no queríamos dejarlos morir, Fabián, empezó a ordeñar a las ovejas”. Pero ¿qué harían con tanta leche?

Así, conocen a un hombre de apellido Peralta, oriundo de Benito Juárez, que toda la vida se dedicó a la fabricación de quesos de oveja y dejaba la actividad. “Él nos vendió la receta de sus quesos, que había traído de sus antepasados de Italia y nos enseñó a hacerlo en la cocina de mi casa, así que de esa manera arrancamos con esta producción y el ordeñe. Elaborábamos para nosotros y la familia.”, explica.  

Incentivados con su trabajo, lograron acrecentar el número de ovejas, compraron una máquina para ordeñar y parte de la gran cantidad de leche obtenida, se la vendían a un productor de Las Flores. “No podíamos elaborar todo eso, primero, porque no teníamos instalaciones y, segundo, porque la venta de un queso de oveja no es como la de un queso de vaca, son otros los valores y no era un producto conocido”, dice. 

Con el correr del tiempo, fueron aumentando la producción, hasta que lograron hacerlo a fasón en la Escuela de Educación Secundaria Agraria N°1, “Dr. Ramón Santamarina”, donde les cobraban la elaboración, pero lo hacían en gran cantidad y en una sala habilitada. Luego, utilizaron la misma metodología en Doña Cuchara- un emprendimiento tandilense que, desde 1993, se dedica a la fabricación de quesos naturales-.

“Para el 2020, proyectamos hacer una segunda edición de la Fiesta del Almacenero y trabajar con contingentes que nos vengan a conocer. Tenemos muchos eventos en mente, que esperamos concretar. Y nos gustaría crecer en ese aspecto, no en cuanto a número o cantidad de producción, porque queremos mantenernos como tambo boutique. Creemos que si crecés demasiado, eso se te va un poco de las manos. La idea es conservar el producto artesanal”, finaliza. 

Hoy, se enorgullecen al contar que cuentan con un espacio propio para fabricar, agasajar, e invitar a degustar sus exquisiteces, tanto a los locales, como a los ocasionales visitantes. Pero también, disfrutan al pensar que forman parte del grupo rural que le aporta identidad y valor histórico y patrimonial, a toda la región tandilense. 

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