Es profesora de Física y Ciencias Naturales y, desde el 2015, posee una beca doctoral del CONICET. Con inquietudes surgidas de la enseñanza de la materia, se propuso aportar otra mirada a la educación científica y tecnológica. 

No son muchas las personas a las que las materias relacionadas con las ciencias naturales y tecnológicas, le sientan perfecto. De hecho, a esta cronista siempre le han costado demasiado. Por ello, cuando profesionales como Ana Laura Echegaray dicen: “Sí, totalmente: siento pasión por lo que hago”, es inevitable no sentir admiración. 

Si bien cuando terminó el secundario, el profesorado de Física no fue su primera opción, sí sabía que se dedicaría a alguna actividad docente, intelectual y que le permitiera investigar. “Me crié en un hogar en el que tenía acceso a más de dos mil libros. Mi papá Raúl, escritor y dramaturgo, tiene una biblioteca gigante. De chiquita  leía mucho. Siempre me gustó”, recuerda Ana Laura. 

Por ello, elegir una carrera, no le fue tan fácil. Por un lado, porque corría el año 2001, complicado para todos los argentinos, por lo que no pudo contemplar irse a otro lado a estudiar; y, por el otro, su gusto por la biología y la química, era semejante a su interés por la escritura y la lectura, una combinación imposible de pensar. 

Así, a pesar de que no siempre quiso estudiar Física, encontró en el Profesorado dictado por la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, las dos grandes cosas que le gustaban: las materias de las Ciencias Naturales y las pedagógicas como, por ejemplo, la psicología. Y comprobó que aquella difícil combinación, se podía hacer realidad. 
Ana Laura Echegaray nació hace 34 años en Tandil. Vecina “desde siempre” de Villa Italia, hizo los distintos niveles educativos en el Jardín N°903 “María Elena Walsh”, la primaria en la Escuela EGB N°21 “Juan Bautista Alberdi” y la secundaria en el Instituto Brigadier General Martín Rodríguez. 

Si bien actualmente vive en su casa con su marido, tiene cerca a sus padres y hermanos, que realizan actividades totalmente diferentes a las de ella, pero la continúan apoyando en cada nuevo paso que da en su carrera, de la misma manera que lo hicieron en aquel 2001 cuando eligió el Profesorado de Física y Ciencias Naturales. 

Comienzos e interrogantes
sobre la enseñanza

Desde que Ana Laura se recibió como profesora, tomó horas titulares y comenzó a dar clases en el Instituto Brigadier Martin Rodríguez, en el Colegio Sagrada Familia, en la Escuela Secundaria Básica N°15 y en la Escuela Secundaria Básica N°20. Y de ahí, por algunas inquietudes que surgieron en dichas instituciones, tanto de sus alumnos como desde su misma labor docente, comenzó a tener inquietudes que le hicieron dar cuenta de que debía seguir formándose. Entonces, inició una Maestría y luego se postuló para una beca doctoral del CONICET.

“Cuando pensás algo en términos de educación, te cambia la forma de elegir los temas. Una cosa es investigar la Física para llegar a algún desarrollo o algún descubrimiento y otra es pensarla desde la utilidad o desde la llamada alfabetización científica y tecnológica. Es decir, pensarla en base a su función social”, explica. 

Quizás para aquellas personas que no eligen la Física como carrera a seguir, el estudiarla o tenerla como materia en el colegio, genera muchas dudas respecto del para qué sirve. Teniendo en cuenta este punto, Ana Laura cuenta que su concepción de la educación científica y técnica se basa en que “la mirada pasa de ser de la investigación en sí a pensar qué es lo que a mí me parece importante que sepan o cómo se puede aplicar la Física. Por ejemplo, cuando doy problemas de energía o fuerza, trato de relacionarlo con la seguridad vial”.  

La Física es una disciplina que tiene muchos años y contantemente surgen ramas nuevas que generan avances y descubrimientos. “Creo que, y aportando esta mirada desde las Ciencias Sociales y Humanas, se necesita una visión ética sobre las Ciencias Exactas y Naturales porque está resultando que la ciencia avanza sin dirección y nadie se detiene a preguntarse cuestiones como quiénes son los beneficiados”, explica.

Así, como profesional del campo de la educación científica y tecnológica, sus inquietudes de investigación se han formado desde una raíz social. Es decir, “empecé a pensar qué función social puede llegar a tener la educación científica en las escuelas, en los barrios, tanto en la educación formal como no formal”, dice. Y, es por medio de su tesis doctoral, que Ana Laura, ha buscado aportar a la enseñanza de una Física más comprometida con la realidad. “¿Cómo podemos pensarla para formar ciudadanos?”, argumenta. 

La beca Doctoral

Como Profesora de Física y becaria del CONICET, puntualmente se ha dedicado a investigar en el área de Educación científica y tecnológica. “La beca doctoral es el primer paso que se da para entrar al sistema científico y tecnológico”, cuenta. 
Dicho sistema, está armado de la siguiente manera: “entrás con beca doctoral, que son cinco años. Después se pide una beca post doctoral que son otros dos años y, durante todo ese tiempo, sos becario, no empleado del CONICET directamente”, explica.  

Ana recuerda que cuando se decidió a pedir la beca, tuvo que pensar un tema y buscar un director. Además de licenciar las horas, sin goce de sueldo, para poder viajar a Buenos Aires a cursar. Decisiones difíciles ya que poder avanzar en su profesión, le implicó resignar ingresos y estabilidad. Pero, parece que la vida de Ana Laura ha sido siempre así: la superación de constantes desafíos.

A su directora, Luján Castro, la conoció trabajando en la extensión de la UNICEN, Ciencia por los barrios, cuando llevaban a cabo un proyecto llamado Divertite experimentando, que buscaba la divulgación de la ciencia y la tecnología. “Yo me acerqué a ella para participar de esa actividad y surgió la idea, de la beca, en base a mis inquietudes educativas. Estuvimos dos años con Luján y Marisol Martínez, que es una profesora colega, recorriendo barrios de Tandil con una muestra interactiva de ciencias”, cuenta.

De Divertite experimentando participaron desde niños de jardín hasta ancianos. “Nos instalábamos en los centros comunitarios e invitábamos a todas las escuelas del barrio o a las instituciones, y nos quedábamos durante algunos días de la semana”, dice. Así fue armando su plan de trabajo donde fijó objetivos, planteó un problema “cortito porque en tres páginas tenés que contar lo que vas a hacer en cinco años” y, en base a eso, se fue acercando a personas especialistas en diversos temas.

Con la apertura de la convocatoria, que se hace una vez por año, fue a fines del 2014, y luego de dos intentos previos, que aprobaron su plan. Y desde ahí su vida cambió. “Yo venía siendo profesora, trabajando full time en escuelas, estaba haciendo la maestría en educación, y, de repente, me llegó la posibilidad de hacer un trabajo más de oficina, y tuve que licenciar las horas de clase”, explica. Hoy en día, Ana Laura, debe viajar cada quince días a Buenos Aires, más específicamente a Palermo, para cursar los seminarios del doctorado.

Las mujeres y la ciencia

Que haya menos mujeres que hombres en el CONICET no es porque las primeras sean menos inteligentes que los segundos, sino porque “hay otra mirada sobre la evaluación de la mujer y no están ponderadas la maternidad ni las tareas de cuidado de los hijos. En el sistema científico tecnológico hay machismo y desigualdad como en todos lados”, expresa. 

En lo referido a becas, en todas las disciplinas científicas, en los rangos más bajos, hay paridad de género. Sin embargo, a medida que se sube, la cantidad de mujeres va disminuyendo. Sin embargo, en su experiencia, el único prejuicio que ha vivido fuera del ámbito académico, pero que no ha sufrido, fue el de que la vieran como de una especie rara. “Cuando yo decía que estudiaba Física, me miraban con extrañeza y me decían si me refería a Educación Física. Escuché muchas veces el ¡Ay!, ¡qué raro!”, relata.

A la cronista le interesó saber de qué manera le contaría a una niña que, en caso de interesarle, puede dedicarse a la ciencia, a lo que, con certeza, Ana Laura respondió que los niños tienen menos prejuicios que los adultos. “Y yo lo abordaría desde el juego y los juguetes. No les regalaría la escoba y la palita a las nenas y el kit de ciencia a los nenes. Estamos viviendo un cambio muy grande respecto al concepto de lo feminista. Por suerte toda nuestra generación está trabajando para ello o, al menos, para visibilizarlo”, cierra. 

Otras actividades

A toda su investigación y estudio diario, Ana Laura, le agrega un poco de actividad física y una tarea que le ayudó a no alejarse de su tarea docente. “Desde hace algunos años, formo parte de una asociación civil de apoyo escolar que se llama Redes Tandilenses”, dice.

Ubicada en Villa Italia, en las calles Ugarte y Ameghino, recuerda que se acercó para ayudar un poco en el barrio en el que nació, se crió y aún hoy vive. “Es un cable a tierra y un lugar de aprendizaje en el que brindo apoyo escolar a chicos de primaria”. Además, en dicho espacio, hay otras actividades como fútbol, los sábados, una escuela primaria de adultos, el Plan Fines, el Plan 111Mil, y otras herramientas gratuitas para todo el barrio. Junto a la presidenta de la organización, Miriam Iglesias, “ayudamos a garantizar los derechos de la niñez y la adolescencia, pues abordamos desde lo social hasta lo educativo”, explica.
 
Movida por esta inquietud de hacer algunos trabajos de ciencia, orientados a los niños, recuerda que comenzó por una conocida y hoy forma parte de la comisión y organización que, también, trabaja en red con las escuelas del barrio, los centros comunitarios y de salud y demás instituciones. “Espero que, en un futuro, las Ciencias y la Tecnología, se encaminen hacia el bienestar de la población en general y no se concentren en un grupo de personas. Y, creo que, para eso es necesario que se desarrollen las Ciencias Humanas y Sociales para poder aportar esa visión sobre la ciencia”, concluye.

El Día de la Ciencia
y la Técnica

El 10 de abril, fue el día establecido, desde 1982, como el de la Ciencia y la Técnica, en homenaje a Bernardo Houssay, que fue el primer médico y farmacéutico latinoamericano que ganó un Premio Nobel. 

Ese mismo día, pero de 1887, nacía en Buenos Aires. Es por sus trabajos en el campo de la fisiología y la medicina que logró obtener dicho premio en 1947. A través de sus investigaciones, pudo establecer el rol de la glándula hipófisis en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre, a través del metabolismo de los hidratos de carbono. 

Bernardo Houssay también tuvo una prolífera labor como docente universitario y fue Doctor Honoris Causa en las Universidades de Harvard y Oxford, aunque nunca dejó de lado su compromiso por el país. Por eso, es que, en dicha fecha, se le rinde homenaje al conjunto de la ciencia argentina. 

En nuestro caso particular, en Tandil, hay muchas investigadoras de temas referentes a la ciencia y la técnica. A través de esta entrevista quisimos dar a conocer una de esas historias que hace que nos sintamos orgullosas de nuestras pares. Además, era necesario destacar la labor de profesionales como Ana Laura Echegaray que, día a día, se esfuerza por ayudar a comprender la importancia de la Física en nuestro cotidiano y en hacer de su aprendizaje algo mucho más fácil, y aún más para todos aquellos a los que, en épocas escolares, materias como ésta les han costado resignar vacaciones de verano enteras.

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