De profesión abogada y procuradora, madre de dos niñas y esposa de un Suboficial Mayor Veterano de la Guerra de Malvinas, narra cuestiones de su vida y comparte sus recuerdos sobre dicho conflicto bélico.

Rosario, sus más allegados, le dicen Ro o Negra, a pesar de que cuando nació, el 21 de septiembre de 1965, sus padres le pusieron tres nombres para acompañar a su apellido Sarmiento. El primero de ellos fue en honor a su abuela paterna que se llamaba Rosario; el segundo, María, hace referencia a la Virgen ya que sus padres siempre fueron muy creyentes; y, el último, Alejandra, “me lo pusieron por mi abuelo paterno, que se llamaba Alejandro. Este fue más que nada por si no tenían más hijos”, recuerda. 

Nacida en Paraná, Entre Ríos, llegó a Tandil al año y tres meses de vida. Como su papá era militar del Ejército, lo destinaron al Haras General Lavalle, a 27 km de nuestra ciudad. “Mi padre estuvo destinado a Río Negro, durante el conflicto de Malvinas, pero no llegó a ir. Era la tanda que estaba esperando para desplegarse y no cruzó”. 

Al ser la más grande de tres hermanos, su padre antes de irse a la zona de conflicto le delegó el cuidado y la ayuda a su madre. Y, durante todas las conversaciones previas a su ida, le recalcó el hecho de que él estaba preparado para la guerra y que tenía que ir. “Me decía que él era parte de una fuerza con la que, si había algún conflicto bélico, debía ir a defender el país”, dice. 

Si bien su padre no fue a Malvinas, su marido, Carlos José Miguel Peirone, sí. “Carlos estuvo luchando y permaneció 61 días en la Guerra”. Es increíble como con el pasar de los años, volvió a escuchar aquellas palabras que su padre le había dicho, pero de la boca de su esposo. Ambos coincidían en su deber patriótico.

Recuerdos de la
Guerra de Malvinas

Cuando su papá se fue para Río Negro, ella tenía 16 años. “En el momento en que se iba en el tren sentí una mezcla de tristeza y nostalgia al ver que se alejaba”, dice. Sin embargo, recuerda que, en ese momento, el apoyo que recibió de la gente, a través de cartas la hacían sentir orgullosa de su padre y de su madre que, sola y con el desconocimiento que rodeaba al tema, pudo salir a flote. 

Con respecto a la cuestión de la manipulación de la información, dice no haberse dado cuenta de ello. “Nosotros nos guiábamos por la televisión. Estábamos viviendo en el barrio militar y sabíamos que el que papá se fuera, era algo que podía llegar a pasar y que eso, estaba bien”, cuenta. Además, al vivir en el barrio militar “se suponía que estaríamos protegidos”.

Rosario es parte de los últimos 15 años de vida de Carlos, su esposo. Si bien no vivió la historia junto a él, dice que le ha contado algunas cosas. “Siempre he sido muy respetuosa porque me he dado cuenta de que mucho no le gustaba hablar del tema. Por ahí, hacía tres años que estábamos casados y recién en ese momento, me fue contando cosas esporádicas”, explica. 

Carlos José Miguel Peirone, participó de la Guerra de Malvinas, a sus 20 años. Como artillero de la Fuerza Aérea estuvo en las islas 61 días. “Fue prisionero de Guerra y ha estado a punto de ser degollado. Ha tenido situaciones traumáticas que maneja muy bien. Y, aunque creo que exteriorizarlo le ayudaría, siempre fue muy introvertido y de pocas palabras”, explica. 

Tanto Bianca, como Morena, conocen la historia de su padre y están orgullosas de él. “El otro día lograron convencerlo para que vaya a dar una charla a su colegio, a pedido de Bianca, la más pequeña. Y te repito, Carlos es de perfil bajo, no le gusta exponerse, pero la hija lo convenció”, dice con una sonrisa. 

En la casa de los Sarmiento-Peirone, los días previos al 2 de abril son muy especiales y emotivos. Mucha gente que aprecia a Carlos le manda mensajes que hacen lagrimear a todo el grupo familiar. “Así han sido todos los años desde que estoy con él que ya van a ser 13”, explica.

Familia ensamblada

Su relación con Carlos Peirone, comenzó luego de que un colega de la Fuerza Aérea, le derivara el divorcio, más específicamente el tema del régimen de visitas. “Así, lo empecé a tratar como a un cliente. Me invitaba a tomar un café y yo, le decía que no”, recuerda entre risas. 

En ese momento, Rosario estaba embarazada de Morena. “Él me vio en todos mis estados: embarazada y ya con la gordita en el estudio”, dice. A los dos años y medio de su hija, él continuaba insistiendo con tomar un café y “de ahí pasamos a una cena y comenzamos algo”, explica. 

Luego de 8 meses de novios, el 8 de abril del 2005, se casaron en el Registro Civil de Villa Italia ante, alrededor de 100 personas. “Nosotros vivimos un tiempo en el edificio de la Fuerza Aérea de la Avenida Santamarina. Y mi papá, antes de que nos mudáramos le dijo a Carlos que yo tenía que irme de su hogar, casada a lo que él le contestó que no tenía problema, que los papeles los tenía yo”, narra graciosa. 

El 9 de enero del 2006, nació Bianca. “Y ahora, somos una familia ensamblada. En esta casa vivimos cuatro personas; mi marido es divorciado y tiene un hijo, Carlitos de 18 años, viviendo en Formosa. Y después está integrada a nuestra familia, Paulina de 6 años, que es nieta de Carlos, de un hijo, Cristian, que tuvo después de Malvinas, al que conocimos en 2015, pero que lamentablemente por cuestiones de la vida, falleció. Igualmente, Paulina viene siempre de visita”, explica.  

Sobre la elección de los nombres de las dos pequeñas de la casa, recuerda que fue algo simple. Morena, que hoy tiene 16 años, y es hija del corazón de Carlos, quien la cría desde los dos años y medio surgió durante un viaje. “Iba con la panza, junto a una persona amiga a la que le estaba tramitando el divorcio, a Buenos Aires y me dijo que aprovecháramos para ponerle nombre a la gorda. Justo en ese momento estaba Jorge Rial hablando en la radio y nombró a sus hijas y me gustó Morena”, dice. 

Respecto de Bianca, que tiene 12 años, “la verdad es que fue por Blanca. Como nos parecía antiguo, pero nos gustaba, además mi abuela materna se llamaba así y él tenía una tía con ese nombre, decidimos hacer una versión moderna. Lo vimos en internet y nos encantó”, cuenta. 

De profesión abogada
y procuradora

En el Haras General Lavalle, Rosario y su familia, estuvieron hasta 1981, año en que fueron a vivir al Barrio Militar. Y, en el 83, se mudaron a Mosconi y Del Valle, frente a la cancha del club Ferro. Tanto el jardín, como la primaria y la secundaria, los hizo en el Colegio Sagrada Familia, al que ahora también van sus hijas.

Luego, estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires. “No siempre soñé con ser abogada. Primero iba a estudiar veterinaria porque viví 15 años en General Lavalle y estaba en contacto con los animales. Me encantaban los caballos. Amo los animales y amo la naturaleza. Y después no sé por qué me pareció que estudiando derecho iba a hacer justicia con un montón de situaciones que veía en televisión. Y me fui a estudiar a la UBA. En ese momento consideré que era el mejor lugar”, explica.

Al terminar su carrera, se quedó un tiempo en Buenos Aires, trabajando con abogados que eran cobradores fiscales. “Hacía millones de juicios de apremio, hasta que un día decidí volver a Tandil”, cuenta. En un principio no se le abrieron las puertas hasta que tuvo la oportunidad de trabajar de manera independiente, pero compartiendo estudio con otros abogados. “Arranqué en el año 2000, de a poquito, y a raíz de un divorcio, me empecé a hacer conocida y desde el 2006 estoy con mi socia María José Tosetto”, narra.

A medida que su profesión le permitió ganar experiencia, se dio cuenta de que le gustaba la mediación. “Por eso me hice mediadora, me gusta que la gente se escuche, me parece que es una buena alternativa para solucionar algunos conflictos, que antes no existía. La mediación es el paso previo. Los viejos letrados prefieren ir a juicio directo”, explica. 

Rosario dice que le gusta su profesión. Aunque le hubiera encantado hacer la carrera militar también. “Si hubiera entrado, iba a ser militar primero y después elegiría la profesión. Es algo que me quedó pendiente. Justo me llegó en la época que tuve pocas oportunidades. Cuando se autorizó la entrada de mujeres, solo había lugar para una, con suerte”, dice. 

Otras cuestiones
del día a día

Rosario María Alejandra Sarmiento también es dirigente scout de la rama Unidad, que va desde los 11 hasta los 14 años, en Nuestra Señora de los Dolores. “Primero entré en la parroquia Nuestra Señora de Begoña, a raíz de que mi papá llevó a Morena para que se incorporara ahí. Y un día, me invitaron a ayudar con el mate cocido y me quedé. Después, por diferencias con el jefe de grupo, nos pasamos con otra dirigente a donde estamos ahora”, dice. 

Cuando esta cronista contactó a Rosario, ella tuvo sus dudas antes de aceptar el encuentro, pues al no haber estado con Carlos, en el momento de la Guerra, pensó que su relato, no era lo que estaba buscando. Sin embargo, al escucharla hablar de su marido supe que la entrevista sería enriquecedora y que, al final, tendría muchas cosas para enseñarme. 

¿Qué significa para vos Carlos José Miguel Peirone? “Además de amarlo y quererlo, que son dos cosas diferentes, lo admiro. Admiro su entereza y cómo se ha podido manejar con todos los golpes que ha sufrido en la vida. Estar en una guerra supongo que no es fácil, creo que es una mochila que él lleva. Al igual que por otras cosas que le han ocurrido. Y aunque le critico muchas cosas como que sea muy reservado, no puedo negar que es una excelente persona y un gran padre”, afirma.

Carlos Peirone fue el primer Suboficial Mayor Veterano de la Guerra de Malvinas, que estuvo como Encargado de Unidad de la VI Brigada Aérea, lo que implicó que debía hablar por sus subalternos y representarlos. Si bien ya está retirado fue uno de los últimos ex combatientes, junto a Lucero, que estuvo en actividad. 
Al finalizar esta entrevista, esta cronista no puede dejar de pensar en el papel que cumplieron las mujeres que esperaron a esos hombres que estaban en Malvinas o como Rosario, las que llegaron a sus vidas tiempo después. Ellos pusieron el hombro y el corazón en lo que su conciencia les dictaba y ellas se convirtieron en los sostenes necesarios de sus recuerdos. 

Relatos como los compartidos con Rosario, hacen que una parte de la historia de nuestro país se mantenga viva para que los que no volvieron puedan ser recordados y los que sí pudieron hacerlo, sean respetados como héroes.

ELLAS TE DICEN

Si hay algo que aprendí por mi profesión y por las cosas que me han tocado vivir es que de la actitud que uno le ponga a la vida, van a depender los resultados. Tanto en las cuestiones personales como en las que no lo son, nunca hay que bajar los brazos. Todo es una cuestión de actitud y de ponerle buena voluntad.

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