Es peluquera desde hace 50 años, aproximadamente. A cargo del salón llamado Carmencita, recuerda sus inicios de pequeña, al lado de su madre, quien le enseñó todo de la profesión. Además, actualmente comparte dicha actividad con una de sus hijas, Rocío, y dos de sus nietas, quienes demuestran un gran interés por la misma. 

Son las 9:20 de la mañana y la peluquería Carmencita ya está abierta. Si bien el inicio de las actividades está pensado para dentro de diez minutos, a María del Carmen Tiseira, le gusta llegar antes para tener todo preparado. Y junto con su esposo, el primer cebador de mate de ese día, empieza una jornada que se le suma a los más de 50 años, que hace que se dedica a la profesión que aprendió de su madre: peluquera. 

A nivel mundial, todos los 25 de agosto, se celebra el Día del Peluquero. Y, en nuestro país, la fecha se remonta a 1877, cuando Domingo Guillén (peluquero y director de teatro) organizó un evento en el Coliseo porteño, donde además se creó la “Sociedad de Barberos y Peluqueros”. En 1940, el Congreso decretó dicha fecha oficialmente.

Para Carmen, madre de tres hijos (dos mujeres y un varón) y abuela de siete nietos, su profesión es hermosa. “A mí me encanta. Y creo que el aspecto más positivo que tiene es el del trato con la gente. Siempre intento dar lo mejor para que se sientan cómodos, que mi peluquería sea un lugar familiar y donde sientan calidez”, explica. Y respecto de lo negativo, no podría decir nada porque le dedica tiempo con ganas, “por lo que no tengo problema”, agrega con una sonrisa. 

Carmencita, como la llaman sus afectos y muchas de sus clientas de años, es muy simpática, agradable y no tiene reparos al momento de hablar. Sin embargo, respeta los silencios y las respuestas monosilábicas de aquellos que no tienen como virtud la práctica de la charla. Y en su peluquería, cada tanto, también es posible encontrar algún caballero que entra en busca de sus manos experimentadas.

Si bien en su peluquería hace de todo, no duda al afirmar que tiene un gusto particular por el corte, tanto masculino como femenino. “Son tantos años, y vi y aprendí tantas cosas que es inevitable que me guste todo. Pero disfruto mucho buscar qué forma de corte le queda bien a cada persona que se acerca”, cuenta.

La mañana de la entrevista, las clientas que ingresaron al salón no se ofuscaron por tener que esperar a que María del Carmen Tiseira respondiera las preguntas de esta cronista. Resulta que todas eran habitués, conocedoras de su trabajo y hasta confirmaron que la esperarían el tiempo necesario, pues nadie más que ella, les realiza el trabajo con tanta dedicación y responsabilidad. 

Una gran enseñanza

Hace 50 años, aproximadamente, que María del Carmen Tiseira se dedica a la peluquería. “Empecé con mi mamá. Cuando tenía 4 años y mi papá falleció, comencé a estar más a su lado y de a poco fui entablando contacto con la gente. Sacaba ruleros, lavaba cabezas o barría”, recuerda. Por eso, conoce generaciones de familias, ya que aquellas mujeres a las que su madre atendía, hoy van con sus hijas y nietas. “Me emociona pensar que esas personas siguen confiando en mí, que me mantengo en sus recuerdos”, recalca. 

Carmen siempre fue la mano derecha de su mamá, Dora Ethel Tiseira. Y así como le enseñó la profesión, también le inculcó la importancia de formarse. “Yo la vi a mi mamá y me encantó estar en la peluquería. Creo que lo llevaba en la sangre, desde niña. Y gracias a esta profesión pude criar a mis hijos, así que soy una agradecida”, narra. 

Así, a medida que fue adquiriendo seguridad, junto a Dora, es que se pudo largar sola. “Estuve muchos años a su lado. Cuando mis hijos ya fueron adolescentes, me ayudaron, Hicimos todo en familia”, dice sonriente. Y recuerda que la primera peluquería estaba en la casa de sus abuelos y, al cumplir 16, se fueron para Villa Italia, más específicamente en Mosconi y Vigil, por lo que desde hace 43 años que está allí.

La peluquería Carmencita, le debe su nombre a Dora porque cuando quedó viuda y puso el negocio, la única hija mujer era ella, entonces decidió usar su nombre. Sin embargo, y como actualmente comparte profesión con Rocío, una de sus hijas, y dos de sus nietas están demostrando interés por la actividad, estas últimas, le dicen que debería revisar el tema del nombre “o al menos agregarle una s al final porque ellas son las que van a seguir”, explica risueña y con orgullo. 

Que la pasión por la peluquería, se transmita en su familia, le encanta. “Vi que mi mamá lo hizo con mucho amor, fervor y dedicación, así que el hecho de que las chicas me sigan me hace sentir orgullosa. Mi hija Rocío me lo demuestra a diario”, cuenta emocionada. 

Una pasión de años

Carmencita es otra de las mujeres tandilenses que sienten pasión por lo que hacen. “A mí me encanta pensar que vengo. Me da energía. Me he levantado hasta estando enferma”, explica. Y su ejemplo, demuestra la importancia y lo lindo de desarrollar una actividad que haga que las personas se sientan bien.

Ella conoce y comprende la importancia de trabajar con responsabilidad. Por eso participa de congresos, talleres y capacitaciones, lo que además le permite estar actualizada ante las innovaciones que el mercado propone. Igualmente, nunca deja de escuchar su intuición (y queda a la vista su experiencia) cada vez que alguna clienta se acerca con una idea y se va con algo diferente, que la deja más conforme que lo que había imaginado. 

Los días de trabajo, que son de martes a sábado, de mañana y tarde, se los pasa relacionándose con personas. “Hablás de todo y eso le hace bien tanto a uno, como a la otra persona también. Muchos clientes pasan a ser un poco de mi familia y yo, de la de ellos”, dice. 

María del Carmen Tiseira es una mujer sencilla y amable, que siempre va a hacer que los clientes se sientan a gusto y se vayan conformes de su peluquería. Disfruta tanto de su actividad que no duda al afirmar que no se ve haciendo otra cosa. “Yo le digo a mi hija que cuando me jubile voy a venir igual. Como hace mi mamá. Aunque sea a doblarle las toallas. No podría estar sin esto, porque para mí es una pila que me da una energía bárbara”, concluye. 

El cabello para muchos es un accesorio importante. Y María del Carmen lo sabe. Para las 10:30, del día de la entrevista, en el salón había dos clientas listas, para que les realizara su trabajo, y predispuestas a pasar una mañana agradable, como se acostumbra en la peluquería Carmencita.

UNA ANECDOTA
Tengo una clienta que pasaba por la peluquería y no se animaba a entrar, porque tenía muchos problemas con su pelo y cuero cabelludo. Un día se animó, la vimos y le hicimos un trabajo con el que quedó muy contenta. Me acuerdo que ese día tenía un almuerzo así que le cortamos el pelo y le modificamos el color. Hoy sigue viniendo y siempre nos dice que le cambiamos la vida. Personalmente me encantó eso de poder generarle bienestar. 

ELLAS TE DICEN
Soy una bendecida por la vida, por lo que me gustaría agradecerles a todos por mi trabajo y por poder hacerlo. Cuando murió mi papá, mi mamá se quedó con tres hijos de 1, 4 y 6 años y pudo salir adelante con mucho sacrificio. Ella nos educó y enseñó la importancia del trabajo diario. Por eso, hoy intento transmitirles esa pasión, dedicación y responsabilidad a mis hijos, nietos y a los clientes. Creo que todos nos podemos desempeñar en algo y salir adelante. Sólo hay que luchar. 

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