Por Gerardo Goldberg
 
"Faunas", el nuevo libro de la escritora tandilense Patricia Ratto publicado por Adriana Hidalgo Editora, acaba de salir a la venta. Es la primer obra -de las cuatro que publicó- en la que aborda el género del cuento. De climas enrarecidos e inquietantes, las páginas tienen como punto en común, aunque no premeditado, personaje solitarios y animales que se convierten sin quererlo en espejos deformes de los humanos, todos integrando un conjunto de bestias, con todo lo bueno y lo malo que esa palabra pueda describir.

La escritora vuelve a desplegar un estilo despojado de arabescos y construido en base a una sumatoria de pequeñas imágenes literarias. Por eso, no llama la atención la noticia de que su anterior libro, la novela "Trasfondo", vaya a ser la base para una futura película de cine.

“Faunas” será presentado el próximo el 30 de septiembre a las 19 hs en el Aula Magna, ocasión en la que la escritora estará acompañada por su editor, Fabián Lebenglik, y otros escritores reconocidos a nivel nacional y amigos: Gabriela Cabezón Cámara y Luis Sagasti.

La cita para realizar la entrevista fue cambiando de horarios por distintos contratiempos. Cuando finalmente llegué a su casa en el horario convenido, estaban reparando una alarma que se había disparado por error. Cruzamos una mirada y unas sonrisas cómplices que parecían afirmar que ambos, de todos modos, parecíamos empecinados en llevarla adelante contra viento y marea.
Cuando entré, me recibió Owen -su perro- con una ojota en la boca que hace tiempo robó al hijo de Patricia y jamás devolvió, invitando al juego. La advertencia de Patricia fue que no le diera bolilla porque no me lo iba a sacar más de encima. Yo pensé que era lógico que el perro, un golden juguetón, estuviera presente si es que íbamos a hablar de faunas. Pero, por el bien de la entrevista, Owen quedó tras una puerta.
Debo confesar, para  la sinceridad con la que encaro la nota, que tanto a Owen y a la casa ya las conocía de antemano porque participo de los talleres de escritura que dicta Patricia. Y, producto de eso, le pregunté si el primer cuento del libro, llamado "La Mancha", no tenía precisamente a Owen y a su casa como personajes. Ella me contó que tuvo un sueño en el que una de sus talleristas -Dorita- llegaba a su casa con una moto inmensa y que, para que no se la robaran, la dejaba pasando el portón de la casa, arriba de la laja. La moto gigante dejaba una mancha de aceite que luego no podía sacar con nada. "Escribí algo en broma, un relatito como los que escribo a veces y van a parar al Facebook. Y lo escribí así, tomando el hecho de referencia tal como era. Y eso nunca es literatura. Después, andá a saber qué procesos anduvo haciendo mi cabeza para que eso se terminara convirtiendo en la mancha, la de mi cuento. Entonces fue inevitable que yo pensara en la disposición de mi casa. Incluso Luis Sagasti (escritor que colaboró con ella sobre todo en impulsarla a que finalmente editara este libro) me dijo "¡es tu casa!". El perro es otro perro, no quise que fuera mi perro y que la gente pensara que era mi casa", me dijo.
Luego aseguró que "otras veces el hecho que detona la escritura no lo tengo tan presente. Y otras, es algo buscado, en donde yo me pregunto cómo podría contar tal o cual cosa. Los procesos para que algo de la realidad llegue a ser algo literario son complejos y, a veces, extraños".
"Uno hace una parte del libro y la otra parte, con la lectura, la termina de completar el lector. Y esto es así. No es discursivo. Y es mucho más que la decodificación porque es una construcción compartida de sentido que se hace.
 Está lo que el escritor puso y lo que el lector construye a partir de lo que hizo el escritor y que completa con su experiencia", prosiguió.

Para continuar con la charla, propuse que la riqueza del lenguaje está en su falencia como método de comunicación. Que lo que quiero transmitir no es exactamente lo que logro transmitir y tampoco lo que el que lee o escucha decodifica. Pero Patricia no estuvo del todo de acuerdo. "Vos ves una falencia y yo veo una posibilidad. Para mí es otra cosa. La palabra dice mucho: una falencia es un problema, una falla. Y para mí es una posibilidad, que abre y abre el sentido. El tema es que uno a veces quiere que se entienda lo que uno quiso poner y yo, en ese sentido, estoy abierta a lo que los lectores hagan algo acerca de esa construcción de sentido. Por ahí se entienden otras cosas... bueno, es el riesgo. Y está bueno que haya riesgos". Las frases, ahora que las escribo, suenan como un decálogo de pequeños axiomas.
 
De la novela al cuento y del pasado a la actualidad
Hablando justamente de riesgos, algo similar le ocurrió con su cambio de género y de temáticas. Ratto por primera vez se enfrenta a la publicación de un libro de cuentos ya que sus tres libros anteriores fueron novelas ("Pequeños hombres blancos" (2006), "Nudos" (2008) y "Trasfondo" (2012)). De todos modos, me contó que su primer acercamiento "a la escritura más en serio fue con cuentos, que después nunca publiqué. No son buenos cuentos y nunca los voy a publicar. Es más, muchos los perdí. Quedaron en alguna memoria de alguna computadora vieja. Lo que pasó es que venía escribiendo un cuento que se me terminó convirtiendo en novela, una que en realidad nunca publiqué. Después escribí otras aproximaciones a la novela que tampoco publiqué. Y recién después empecé a escribir "Pequeños hombres blancos" (su primer libro publicado). Ahí sí estuvo la decisión -un poco con Arturo Carrera, con quien yo iba a trabajar- de publicar. Entonces, todo lo anterior yo lo considero como una prehistoria de mi escritura pero ya es parte de mi historia como escritora. Están antes de que yo escriba mi primer texto publicado. Sin toda esa escritura no hubiera podido escribir esa primera novela. Además, yo creo que hay que pensar que no todo lo que escribe un escritor se publica. Entre medio de las novelas -y sobre todo entre "Trasfondo" y "Faunas"- tengo cosas escritas que no publico. O, por lo menos, no por ahora".

El desafío fue entonces el regreso al cuento y, justamente por eso "a uno de los escritores a los que le pedí me escriban la nota de contratapa fue a Arturo Carrera. Yo le hacía una broma a Arturo y le decía que tardé quince años en entender lo que era un cuento pero ahora me parece que lo entendí y salió este libro. Él se reía. Es una broma. Pero cuando empecé a trabajar con él estaba escribiendo cuentos y me acuerdo que me daba textos para leer que me rompieron la cabeza. Y sí, me pasó que apareció un cuento largo que terminó siendo una novela. Pero en principio yo escribía cuentos. Y, a su vez, es un regreso bastante especial. Porque es como volver a hacer algo que uno hizo y sabe que no funcionó o no estuvo conforme en su momento".
También admitió que su libro anterior, la novela "Trasfondo", empezó a acortar la cantidad de páginas y es casi una nouvelle. "Casi diría que fue como un camino de regreso al cuento porque técnicamente "Trasfondo" funciona como un cuento", afirmó.

A la par que escribía una novela, que por ahora quedó trunca, empezaron a aparecer un par de cuentos. Ratto develó en la entrevista que el escritor Luis Sagasti tuvo un papel clave para que el libro tomara forma. "Hubo un momento en que tenía tres o cuatro cuentos y tenía dudas. No sabía qué hacer. De la editorial me decían "queremos una novela". Le conté a Luis Sagasti y me dijo "mandámelos". Leyó los cuentos y me dijo "¡sí, seguí escribiendo! ¡Me encantaron! Están buenísimos". Le debo a él muchísimo del empuje que me dio y de lo que me dijo como para que esto terminara por ser un libro. Y también al editor, porque con él conversamos algunas cosas de cuestiones técnicas. Así que es un libro en el que han colaborado, con apoyos o con consejos, mucha gente. Era un desafío para mí -sigue siéndolo- el hecho de cambiar de género. Salir de la novela y meterme con el cuento. Y además, cambiar todo lo que venían siendo mis temáticas, que tenían que ver con la dictadura", agregó.
En este momento de la charla, con un movimiento involuntario de mi mano le recordé aquél otro momento en que ella volcó una copa de agua durante la presentación de la antología "Golpes", en la que ella participaba justamente con un cuento. Lo hice sin palabras sino con una acción: volqué yo mismo en la mesa a la que estábamos sentados algo del capuccino que me había servido. "Perro negro", tal el nombre de aquel cuento, funciona -visto a la distancia- como una especie de precuela de "Faunas".

Patricia evaluó a "Perro negro" como "una bisagra, porque del tema de la dictadura tengo tres novelas que abordan el "antes de", "en la" y "después de" la dictadura y Malvinas. El tema ya estaba agotado así que me propuse abordar otra temática".

Entonces recordó a un lector que "cuando hicimos la presentación de "Trasfondo" en Madrid, levantó la manito y dijo "yo leí sus tres novelas y me pregunté cómo se las iba a ingeniar para poner animales en el submarino". Y yo me quedé mirándolo. Porque en realidad yo no me había dado cuenta ni era absolutamente consciente de que todas mis novelas están pobladas de animales. Él había detectado eso en las dos primeras y cuando llegó Trasfondo dijo "¿a ver?". Y hay animales en el submarino. Animales literarios y medio fantásticos, pero hay animales. Entonces, ese comentario -que fue por el 2013- me quedó rondando y en algún momento, cuando empecé a escribir el cuento de la mancha, que fue el primero, me apareció un perro. Y en el segundo que escribí, que fue "Muchacho chino", también hay perros. Y me acordé de ese señor y me dije que quizás había llegado la hora de hacerlo conscientemente".
Pero así como en algunos de sus cuentos lo impredecible juega un papel importante, "cuando ya tenía escritos unos cuantos, me piden un texto para la antología "Golpes" y dudé... volver a tocar el tema de la dictadura... Y, de pronto, me apareció la imagen de ese perro negro enorme y lo que pensé es que todo lo que había contado de la dictadura estaba contado del lado de las víctimas. Quizás ya era hora de pararse del otro lado. Y no tomé un torturador ni nada de eso, pero sí a la gente que fue cómplice y que hizo que la dictadura llegara a ser lo que fue. Entonces, me paré en otro lugar para mirar el tema de la dictadura y aparece ese perro que ya prefigura lo que va a venir en "Faunas". Así que, también es como el primer cuento que se publica antes de que salga el libro. Tenía posibilidades de poner ese cuento en el libro pero con el editor conversamos y no entraba porque está ubicado en esa época y este libro hace una opción por ubicar los cuentos en una época bien actual".
Doy fe de que es así. En varios cuentos aparece internet, por ejemplo. También me llamó la atención la multiplicidad de territorios en donde suceden: en Tokio, en Seúl, en Alemania...

Patricia afirmó que "Faunas" fue realmente "hacer un quiebre con lo anterior. Fue cambiar de género y de territorios. Yo siempre elegía territorios muy acotados: José de San Martín, una ciudad que puede ser Tandil y el interior de un submarino. El hecho de escribir cuentos me permitió que cada uno esté situado en un lugar diferente. Y animarme no sólo a escribir sobre los lugares conocidos sino sobre Tokio, por ejemplo. Un cuento transcurre allí, otro en Seúl. Eso fue una apuesta diferente en todo sentido. Estuvo pensado que estuvieran en distintos territorios por las características de algunos de los cuentos, que partieron de noticias o de cosas que veía en los diarios y que existen. Como que en China los adolescentes pasean verduras. Eso la gente puede buscar la noticia y lo puede encontrar. El desafío era después qué hace uno con eso", indicó.

También cuidó que hubiera diferentes géneros: "hay cuentos fantásticos, hay cuentos más realistas, hay cuentos en donde hubo una tragedia... los tonos son diferentes. Cuidé que los animales tuvieran distintos protagonismos, en algunos tienen un papel más secundario y en otros son protagonistas".
Le hice notar que un factor común a todos los cuentos es la soledad de sus personajes... ¿eso también fue buscado?, le pregunté.
"En realidad eso aparece porque son personajes que me interesan a mí", me contestó. "Así como aparecieron los perros, aparecen estos personajes solitarios. Hay uno que tiene una familia y ese es un personaje muy gracioso. El cuento no, el cuento es terrible. "Tareas de limpieza" (así se llama) tiene una familia", me dijo y me alegró saber que coincidí con Sagasti en mi apreciación: "Él me dijo "eh...son todos solitarios... ¿no hay alguno que tenga una familia?" Y yo le dije, te voy a escribir uno con una familia. Y escribí "Tareas de limpieza", que es tremendo. Entonces Luis me dijo que mejor no me pedía nada más. El personaje de ese cuento -que es tremendo y oscuro- tiene una familia. Pero hay familias y familias. Y la familia del personaje aparenta ser normal o armónica". Se trata de un personaje vegano y al respecto Patricia dice que "después están esas asociaciones que son lugares comunes: los veganos son buenos. ¿Eso quien lo dice? ¿Y los que comen carne no?", se preguntó.
Más tarde me entré de una coincidencia más entre mi parecer y el de Sagasti: el gran gusto por el cuento “Escala real”, el más humorístico de todo el libro, aunque por debajo tenga también ese regusto sórdido.

"Todas las historias, incluso hasta las que toman el tema del humor, tienen algo de inquietante por debajo de lo que causa gracia, hay algo de monstruoso en los personajes. Eso son cuestiones que a uno le interesan. Que a veces vienen buscadas y otras no. Mi escritura no se caracteriza por ser amable, en general, hasta incluso cuando trabajo con el humor. En este libro me pasó que me volví a reencontrar con el humor -que estaba en "Nudos" y que en "Trasfondo" no tuvo lugar- y hay una variedad de tonos, si bien deja como un cierto desasosiego cuando se lee. Y esa sensación no la tuve tanto cuando escribí los cuentos sino con la devolución de los primeros lectores que además, son lectores como el editor, Arturo Carrera y Luis Sagasti que se leyeron todo el libro para escribir las notas de contratapa. Cuando las leí dije "ups...lo que hemos escrito". Es una cosa medio fuerte pero debe tener que ver conmigo. Me nace pero es también una construcción de eso que uno busca que es inquietar al otro. No dejarlo de la misma manera que antes de leer el libro".
Le comenté que al leerlo había sentido que los animales funcionaban como espejos deformes de los humanos y le di como ejemplo el cuento "En el jardín de los González", en donde una mujer observa a una vaca y al movimiento que hace con su mandíbula al masticar. Unos renglones más abajo la misma mujer mueve su mandíbula en forma parecida al comer un trozo de pan.

Patricia me contestó que no sabía si era así y que "esas cosas no las pienso tanto. Se fueron dando". Pero agregó luego que "hay como un ida y vuelta en la comunicación del animal y hay algo en la mirada del animal que viene un poco de un ensayo del filósofo francés Jacques Derrida ("L'Animal que donc je suis" o "El animal que luego estoy si(gui)endo") que habla justamente del animal y de cómo nos incomoda. El animal anda desnudo y Derrida cuenta cómo incomoda que él anda desnudo y el gato lo mira. Es decir, sentirse mirado por el animal genera una enorme inquietud. Y entonces, hay animales que miran a sus dueños o a las personas que circulan y en ese mirar callado y tranquilo, a su vez se genera un poco ese espejo que vos decís. En ese caso puntual es un ida y vuelta: la mujer mirando a la vaca y la vaca mirando a la mujer".
Adentrándonos en el tema del cine, dije que hay algunos de los cuentos que tienen un cierto sentido hitchcockiano. Una persona común y corriente que de a poco, y casi sin darse cuenta, se encuentra envuelta en una situación compleja o, al menos, inquietante.

"Tengo una amiga -Flavia- que me dice que hay cuentos que le recuerdan el estilo de las películas de David Lynch, que tiene esa cosa "Blue velvet" (por "Terciopelo azul", dirigida por Lynch en 1986), que se va enrareciendo. Son cuentos que devienen en algo que uno no imaginaba cuando lo empezó a leer. Que empiezan con una atmósfera más amable y después se van enrareciendo, se van cargando y que se van un poco a lo siniestro, a lo terrible, a lo oscuro o, a veces, a lo impredecible". Eso ocurre en cuentos como "Turistas", en donde el dueño de una estación de servicio de un pueblo perdido y desolado recibe la visita de un auto con tripulantes enigmáticos. O en "Neko café", en donde una persona observa desde fuera la apacible escena de un café de gatos en Tokio. O en "Rara avis", en donde un hombre se encuentra con un pichón de ave que le deparará varias sorpresas.
 
Escribir con imágenes: el pasaporte hacia la pantalla grande
Hace pocos días se confirmó que "Trasfondo" será llevado a la pantalla grande por Pablo Giorgelli, director de "Las acacias" (2011) e "Invisible" (2017). Por eso nos pusimos a hablar acerca de imágenes: "cuando me pongo a escribir, siempre es una preocupación que eso genere una imagen. A mí me pasa que yo veo en mi cabeza como si fuera una película. Y me interesa escribir para que eso, de alguna manera, llegue al lector. Evidentemente eso ha pasado porque desde la primera novela que me vienen diciendo "esto tendría que ser llevado al cine"".
La charla se interrumpe por un timbre. Era un fumigador que ofrecía su servicio. Quizás sea un indicio de que dentro de las faunas también habitan los insectos. O quizás, de que el surrealismo también es parte de la realidad. Owen, que ya se avivó de salir por otra puerta, anda con un trapo de piso en la boca que presumo debe haber robado del lavadero. "No sabe cómo llamar la atención", acotó su dueña riendo.

Volvemos a "Trasfondo" y al cine. Patricia me informa que la novela va por una segunda edición que ya se está agotando y que lo que menos se había imaginado "era que en algún momento a alguien le iba a interesar hacer una película con ella".

"Es una película que va a requerir mucha financiación porque hay que hacer adentro de un estudio una réplica a escala real del submarino. Parece mentira que un director argentino se vaya animar con semejante historia. Pero Pablo está muy decidido y muy entusiasmado. Realmente fue un gusto haber estado en contacto con él. Es un director que en particular me gusta mucho, me gusta lo que hace. Ahora estoy esperando ver su segunda película, que anduvo muy bien y con muy buenas críticas en el Festival de Venecia. Me gusta que hace unos films muy minimalistas. Su primera película ha recorrido el mundo y ha sido muy premiada, arrancando con el Caméra d'or del Festival de Cannes.

 Tenía la receta para volver a hacer otra película parecida en dos años  y no lo hizo. Tardó cinco. Y lo tengo claro porque cuando estrenó "Las acacias", salió "Trasfondo". Y ahora que él está estrenando "Invisible", sale "Faunas". Es decir, los dos nos tomamos cinco años para producir la obra siguiente. Y eso habla de alguien que no hace por hacer ni dice por decir. Me genera mucha identificación el proceso que él hace porque tiene muchos puntos de contactos con lo que hago yo. Realmente estoy alagada de que Pablo quiere hacer la película. Y ya es algo bien formal porque, más allá de que se hizo el anuncio en Venecia, ya hay diálogo con la editorial por el tema de los derechos", reveló.
Por último, tratamos el tema de los escritores y sus reacciones cuando ven sus obras llevadas al cine. No siempre esas reacciones son positivas. Al respecto, Patricia Ratto sostuvo que lo que tiene claro es que ella escribió la novela. ""Trasfondo" es mi novela así como Trasfondo película -o el título que vaya a llevar- va a ser la película de Pablo Giorgelli. Y esa película va a ser una lectura de mi novela y yo no soy quién para decirle esto sí o esto no. Tiene que trabajar con total libertad y los guiones lo tienen que escribir los guionistas. Yo escribo novelas y cuentos", determinó.

"Esa cosa de querer invadir la esfera del otro, conmigo no va. A veces me preguntan si opino de la tapa del libro... y no. No soy diseñadora gráfica y no sé las cosas que se piensan cuando se diseña la tapa de un libro. Yo lo que hago es confiar en gente profesional, seria y muy capacitada, que trabaja con libertad pero con mucha responsabilidad y que, cuando hace algo, hace algo buenísimo como la tapa de "Faunas". En este caso es lo mismo: la película va a ser de Giorgelli, el guión lo va a escribir algún guionista que tenga mucha experiencia para poder llevar esa novela, con las vueltas de tuerca que tiene, al cine. Y también puede ser que no sea exactamente la novela sino una adaptación. Bueno, está bien", expresó.

Conocedora del tema porque este año comenzó un taller que explora la literatura y el cine, como si algo hubiese flotando en el aire que ya hubiese prefigurado lo que ocurriría con su novela, Patricia sostuvo que "en general, los escritores no quedan conformes con lo que se hace en la película, porque me parece que la idea que uno tiene cuaja en una novela. Ese es el lenguaje que uno tiene. Y el director de cine trabaja con otro lenguaje artístico. Seguramente va a ser otra cosa. Hay escritores a los que no les gustaron sus películas pero he visto que esas películas son buenas. Hay algo de ego quizás ahí en que el otro no hizo lo mismo que yo puse en el libro. En mi caso, no me preocupa que la película sea diferente".

"Ojalá que la película sea buena. Quisiera que la película saliera bien porque estoy pensando en una persona que está aportando cuatro o cinco años de su vida para hacer una película sobre una cosa que yo escribí. Y yo quiero que le vaya bien, aunque sea diferente", reiteró.

La charla siguió unos minutos más, aún sin que el celular con el que estaba registrando lo siguiera haciendo. Owen ladraba de tanto en tanto. Al abrir la puerta para despedirnos, apareció de nuevo con la ojota en su boca. Salí de la casa pensando en cómo el perro se las había ingeniado para ser protagonista de la nota. Y no estaba mal, tratándose de faunas.

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