El pasado sábado tuvo lugar el tercer concierto de la temporada 2017 de la Filial Tandil del Mozarteum Argentino, con la presentación de Marina López, clarinete, y Eduardo Waisbein, piano y la colaboración de Gabriel Waisbein en batería.

Nuevamente, nuestra audiencia presenció la actuación de un conjunto que no solo es argentino, sino que además, está constituido por un grupo familiar. Más allá de lo atractivo que este hecho pueda resultar para muchos, el ser una familia dedicada al arte – padre pianista, madre clarinetista, hijo baterista y estudiante, hija en la carrera de teatro – significa la existencia de una comunión de intereses y apoyo mutuo, más allá de las discusiones y diferencias de opiniones propias del ámbito familiar, lo que a la postre resulta una integración extraordinaria y claramente perceptible a la hora del concierto.

Muy interesante resultó la elección del programa: Brahms, severidad y profundidad germana no exenta de apasionamiento; Guastavino, gran compositor argentino principalmente sensible al folklore y productor de copiosa música para piano y numerosas obras corales; y un Alec Templeton, (desconocido para nosotros) al cual nos referiremos más adelante. 

El inicio de la primera obra, Sonata para clarinete y piano op. 120 Nº 2  de Johannes Brahms marcó, de entrada, el temperamento que prevalecería en la velada. Por mi parte, sentí como si una orquesta brahmsiana sonara detrás de los dos intérpretes, tal fue el brío y la profundidad sonora que de inmediato llenó todo el recinto. Opino que el dúo realmente comprendió la esencia de Brahms, romántico de la segunda generación pero de formación clásico/barroca, un poco difícil de alcanzar de primera intención pero que, una vez conocido resulta fascinante. 

Además, en este caso, se trató de una de las obras póstumas del compositor: el Op 120. Teniendo en cuenta que su última composición fue el Op. 121, resulta claro que Brahms estaba en la cumbre de su creación musical. Del Primer movimiento allegro amabile, diría que más que amable debería llamarse enérgico, por la fuerza contenida que desarrolló. El segundo, Allegro appasionato también mostró, por momentos, un carácter bastante fuerte que se diluía lentamente en frases largas, donde los instrumentos, particularmente el clarinete, podían expresar el apasionamiento en su forma más noble y sutil. 

El tercer movimiento, Andante con moto – Allegro arrancó con más calma que los anteriores, aunque sin dejar de lado episodios enérgicos. Por momentos se establecían etéreas conversaciones entre piano y clarinete, para pasar enseguida a formas contrapuntísticas, dando la sensación general de variaciones. ¡Una hermosa obra y bellamente ejecutada!   

Carlos Guastavino, gran compositor argentino… aunque fuertemente criticado por los círculos académicos por su estilo romántico, que quedó a las puertas del modernismo. Pero curiosamente fue, de los compositores argentinos, uno de los más prolíficos y, ciertamente de los más interpretados, ya sea obras para piano o de cámara y, fundamentalmente, las obras corales. Habitualmente suele haber en sus obras remembranzas folclóricas  y, aunque el pianista anunció que se oiría un aire popular en el primer movimiento de su Sonata para clarinete y piano, me llamó la atención no reconocerlo. 

De hecho, toda la sonata fue realmente muy interesante desde cualquier punto de vista – una obra de gran jerarquía. El primer movimiento, Allegro deciso, fue verdaderamente una pieza rítmica y enérgica pero también con momentos muy cantables. 

El segundo movimiento,  Andante, comenzó con una entrada de clarinete muy lograda por Marina López, con un piano que iba creciendo hasta desarrollar toda su sonoridad con una maestría notable. En todo el movimiento reinaba una tranquilidad por momentos de carácter impresionista, salpicado por episodios contrapuntísticos. El tercer movimiento, Rondó – Allegro spiritoso, fue en verdad una pieza muy divertida, jocosa por momentos y cantable por otros, con las típicas características del rondó clásico. En una palabra, una obra muy bella de un Guastavino a la altura de los grandes maestros, ejecutada con total autoridad.

El concierto concluyó con dos sonatas de Alec Templeton, un compositor, pianista y satirita nacido en Cardiff, Gales, el 4 de julio de 1909 o 1910 (hay dudas sobre el año exacto) y fallecido el 28 de marzo de 1963. Era ciego de nacimiento, tenía oído absoluto y estudió en la Royal Academy of Music, de Londres. En 1936 viajó a Estados Unidos como miembro de la Jack Hylton Jazz Band y participó de diversas orquestas de jazz. Tuvo importantes audiciones por radio y grabó numerosos discos en The Gramophon Shop Inc. 

Una selección de ellos, que nos muestra el carácter satírico de Templeton, incluía números musicales tales como "Impressions of Old-Fashioned Italian Grand Opera," "A Trip Through a Music Conservatory," "The Shortest Wagnerian Opera," "Impressions of Two German Lieder Singers," "The Lost Chord," "An Amateur Performance of Gilbert and Sullivan".

(“Impresiones de Gran Ópera Italiana de Estilo Antiguo”, “Un viaje a través de un Conservatorio de Música”, “”La más corta ópera wagneriana”, “Impresiones de dos cantantes de Lieder alemanes”, “La cuerda perdida” o ‘el acorde perdido’”, “Una representación amateur de Gilbert and Sullivan”.)

Con estos antecedentes es fácil imaginar el estilo de las dos sonatas para piano y clarinete que nos brindaron Waisbein y López, con la colaboración de Gabriel Waisbein Jr. en la velada del sábado. Se titulaban Sonatas de bolsillo significando que eran de corta duración. Y así fueron en verdad: dos obras con mucho ambiente jazzístico, humor y buena música, acompañados en el final de la Sonata Nº 1 por Gabriel Waisbein en batería, muy en estilo y con gran sobriedad. 

Se destacaron algunos portamentos característicos del jazz, donde el clarinete semejaba una trompeta, fragmentos juguetones e impresionistas, en una palabra, toda una serie de situaciones diversas, más serias, más alegres, etc. pero siempre dentro del buen gusto y con elegantes interpretaciones.
 
Agradeciendo los aplausos del público, los intérpretes agregaron un arreglo del Capricho Nº 24 de Paganini, con lo que culminó un nuevo concierto muy agradable y bien logrado, ofrecido por la Filial Tandil del Mozarteum Argentino, como siempre en el Auditorio del Colegio de Escribanos de la Prov. de Buenos Aires, Delegación Tandil. 

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