Teatro, arte y cultura en las vacaciones tandilenses. 

Gratamente, año a año, las vacaciones de invierno en Tandil son un espacio esperado y propicio para que chicos y grandes participen y disfruten de diversos espectáculos y entretenimientos. Una ciudad como la nuestra ofrece a sus habitantes y a quienes la visitan numerosas oportunidades para disfrutar la naturaleza libremente o con actividades programadas. Espacios como el Rancho de Popy, el Cerro el Centinela, La granja Los Pibes, la Reserva Natural Sierra del Tigre junto a las Ferias de Artesanos tanto de la Asociación de la Plaza Independencia como del Mercado Artesanal ubicado en la zona del dique, proponen horarios ampliados. Los museos hacen lo propio. También las salas de cine, tanto las del complejo Cinemacenter como la sala INCAA.

Teatro infantil, más de una década con continuidad en escena
En esta oportunidad, me interesa pensar en los ciclos culturales vinculados con las artes escénicas especialmente pensados para niños que se han consolidado en la ciudad, que son esperados y ya parte de la costumbre invernal serrana. En este sentido, sin duda, fue determinante allá por el 2006 el Festival de la Payasada, que se ha mantenido anualmente de modo ininterrumpido. Organizado en sus inicios por el Trío Tri Tri, integrado por teatristas locales, en estos más de diez años ha pasado por manos de otros organizadores y en las últimas ediciones se hizo cargo La ñata roja, un espacio de la ciudad que se ocupa del dictado de talleres teatrales y de clown. Este Festival contó siempre con el apoyo del Municipio de Tandil, y en muchas de sus ediciones con el de otras instituciones públicas, como la Facultad de Arte de la UNICEN, y privadas de la ciudad. Casi al mismo tiempo, nació el Festival Nacional de Títeres que organiza la agrupación artística El Bonete – también de modo ininterrumpido- con el apoyo, entre otros, de la Universidad Nacional del Centro. A estos es necesario sumar la actividad que se realiza en la Universidad Barrial, en La Cautiva, en los numerosos clubes, bibliotecas y centros culturales que abren sus puertas para que adultos, pero sobre todo niños participen de espectáculos teatrales, de clown, títeres, magia y diversos talleres en los que la cultura transite, se construya y reconstruya comunitariamente.

La Bufanda, una buena costumbre en el invierno

En particular me parece necesario sumar una percepción sobre el Ciclo La Bufanda, que se inició tímidamente hace cuatro años con algunos días de las vacaciones, pocos elencos y dos salas de la ciudad. Además, claro, con el enorme empuje de teatristas independientes que han sabido paso a paso consolidar el espacio. Merece el ciclo y obviamente sus gestores – los actuales, los que ya no participan y los que espero vendrán- la consideración de organizarse como colectivo independiente para sostener una actividad profesional que echa mano de innumerables herramientas para su desarrollo.
La cuidada programación es todo un acierto: en ella predominan elencos locales con propuestas variadas en las que actores, actrices, músicos, directores, técnicos, escenógrafos, maquilladores, vestuaristas, puestistas, fotógrafos, etc, suman un desempeño variado y atractivo. Algunos espectáculos vuelven desde otros años a la cartelera y no solo los ve el público que se renueva sino el que reincide. Quizá porque el grupo que compone La bufanda tiene como objetivo que su público además de pasar un buen momento, se vuelva a su casa con algo más: ideas, emociones, diálogos, palabras, sensaciones. El mejor acierto es no subestimar a los niños, pues en general son un público agudo y poco complaciente porque juegan con sinceridad y creo que tener presente esto ha hecho trabajar a cada grupo con el sutil juego de la metáfora que nunca falla.
La distribución en tres salas principales -Club de Teatro, La Fábrica y Teatro Bajosuelo- permite una cómoda grilla y banda horaria para los espectadores. Además, para “que nadie quede afuera” –como dicen sus organizadores- suman otros espacios. Y a ello agregaron otros puntos en partidos vecinos. De este modo se amplifica el trabajo de los elencos de La bufanda abriendo posibilidades no solo a los trabajadores del arte sino también al público. Por otra parte, como ellos mismos esgrimen la circulación de espectáculos que van y también vienen a la ciudad, es uno de los mejores modos de retroalimentación entre creativos.
Sumo: detalles, que no lo son… El ciclo está utilizando estrategias publicitarias y de convocatoria diversas, pensadas también para receptores con distintas edades y usos de medios de comunicación y tecnologías. Por otra parte, son cuidadosos de la estética del equipo de trabajo: no es menor el uso de la remera identificadora y de la atención de estas personas al ingreso a la sala.
Finalmente, no puedo dejar de considerar que muchos de los trabajadores de la cultura que integran el ciclo son o han sido estudiantes en diversas instituciones de la ciudad: ya sea la Facultad de Arte, la Escuela Municipal de Teatro, El Club de Teatro o los numerosos talleres y espacios de entrenamiento que tiene hoy por hoy Tandil. Por tanto, valorando lo que tantas veces reclamamos -el trabajo serio, el compromiso y la responsabilidad- los invito a sumarse a La Bufanda en estas vacaciones…

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