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    DE VISITA EN TANDIL

    “Estamos en un momento complicado, de mucho negacionismo”, afirmó la nieta recuperada Elena Gallinari Abinet

    Domingo, 21 de Julio de 2019 | 12:25 hs
NUEVA ERA entrevistó a “Elenita” en su visita a la ciudad, a donde llegó junto a su pequeño hijo para estar presente en la proyección del documental “La Nave del Sueño Mío”, que relata la historia de vida de su abuela. “Tuve suerte con mi familia porque es muy contenedora. Me dio mucho cariño y afecto. Y también respetó mucho mis tiempos”, reveló. También enfatizó que “hubo una ‘realidad paralela’ en este país. Sucedió. Existió. Hubo mucha gente masacrada. Y todas esas personas tenían que tener un juicio, como ahora están teniendo los represores” e invitó a quienes se muestran indiferentes a lo ocurrido a “que se abran, sin prejuicios, a escuchar y ver”.

La consigna era hacerle un reportaje a Elena, una mujer que venía a presentar un documental denominado “La Nave del Sueño Mío” y que había sido realizado por su primo, Javier Abinet, músico y compositor.
La película que presentaría cuenta la historia de vida de Leonor Alonso, una militante social y gremial que el devenir trágico de la historia argentina convirtió en Abuela de Plaza de Mayo. Y sobre cómo localizó y recuperó a su nieta, Elena Gallinari Abinet, en 1986.
En resumen, la consigna era hacerle un reportaje a una nieta recuperada.
“Elenita”, como aún la llaman muchas de las abuelas, tenía sólo diez años cuando fue recuperada por su abuela. Y su caso, es el primero de nacimientos en cautiverio que Abuelas encontró. Es la nieta número 37 de entre los 130 casos de restitución de identidad.

Para hacer la presentación y poder dialogar con el público que concurrió al Espacio INCAA UNICEN este jueves a las 19, Elena viajó desde el Valle de Punilla (Córdoba, lugar en donde vive) acompañada de su hijo Camilo, de 7 años. Y juntos, llegaron -luego de hacer una recorrida por diferentes medios tandilenses- al bar en el cual habíamos acordado sería nuestro encuentro.
Camilo se pidió un submarino y lo primero fue dialogar con él respecto de lo lindo que es ver derretirse el chocolate. Y de la lucha interna que se arma dentro de uno contra la tentación de comérselo directamente, en vez de tirarlo a la leche caliente.

Elena se pidió un café con leche. Nuestra primera charla abordó el tema la rapidez con que se enfrían las infusiones y los platos calientes en nuestra ciudad. Finalmente, la entrevista terminó siendo otro de los factores que derivó en que ese día –otra vez- tomara su desayuno apenas tibio.
Si uno visita la web de Abuelas de Plaza de Mayo (www.abuelas.org.ar), el caso de su abuela aparece entre los ‘resueltos’. Y su historia está resumida de la siguiente forma: María Leonor nació en San Martín -provincia de Buenos Aires- el 29 de septiembre de 1944. Su familia la llamaba "Mara". La joven tenía dos hijas de su primer matrimonio, María Isabel nacida en 1966 y María Inés en 1969. Miguel Ángel nació el 23 de julio de 1952 en la ciudad de General Pico, provincia de La Pampa. Su familia lo llamaba 'Bocha'. La pareja militaba en la organización Montoneros. Sus compañeros la llamaban ‘Mafalda’ y a él ‘Bocha’ o ‘Pedro’.

Miguel Ángel fue detenido en julio de 1976 durante un operativo realizado por el ejército en un control vehicular cuando la pareja se dirigía a Morón. A la joven le permitieron seguir viaje, mientras que Miguel logró escapar. Nunca pudo regresar a su casa en Los Polvorines, ya que fue ametrallada y saqueada. 
Desde entonces no tuvieron domicilio fijo. Tiempo después, Miguel Ángel fue recapturado en la zona de Morón y permaneció detenido en Campo de Mayo.
El 16 de septiembre de 1976 fue secuestrada la madre de Elena, María Leonor, mientras estaba embarazada de siete meses y tenía fecha probable de parto para el mes de noviembre.

Abuelas de Plaza de Mayo localizó en 1986 a una niña inscripta como hija propia por un subcomisario de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Domingo Luis Madrid, y su esposa, María Mercedes Elichalt. La niña estaba inscripta con una falsa partida de nacimiento firmada por la médica Silvia Marta Kirilosky. Abuelas de Plaza de Mayo presentó una denuncia en el Juzgado Penal N° 1 de la ciudad de La Plata para solicitar la realización de la pericia genética. El resultado confirmó que la niña era Elena Gallinari Abinet. El 21 de abril de 1987 el juez en lo penal Dr. Antonio Borrás y la jueza Dra. Berisso, dispusieron su restitución. Este caso constituye la primera restitución de una niña nacida durante el cautiverio de su madre.

Los restos de María Leonor fueron identificados en mayo de 2009 en el marco de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas llevada adelante por EAAF. Sus restos habían sido inhumados como NN en el Cementerio de San Martín entre el 31 de enero y el 3 de febrero de 1977. Su padre permanece desaparecido.
Hasta aquí, los datos concretos. Y desde este punto en adelante, el diálogo con Elena, la niña -que ahora es una mujer de 42 años- y que con un tono amigable, simpático, afronta y narra en primera persona el horror de uno de los capítulos más trágicos de la historia nacional. 

Se le propuso hablar primeramente de la memoria y de pensarla como un músculo, ya que si no se la ejercita, se atrofia. Que su primo haya realizado el documental o que ella recorra algunos lugares en donde se proyecta para hablar con los espectadores, es parte de esa ejercitación.

Elena aprobó esa metáfora y agregó que "no es lo mismo leer o ver una película -que de por sí está bueno- que tener esta posibilidad de poder compartir y hablar con la persona protagonista. Es algo que llega mucho más, de corazón a corazón. Y es hasta más palpable”.

Agregó que “a veces sucede que la gente lee, pero hasta que no ve con sus propios ojos, como que hasta no cree. Y lo que he sentido a lo largo de mi vida –si bien ya estoy acostumbrada al testimonio- es que impacta mucho y realmente sirve para ejercitar la memoria. Y más en estas épocas. Estamos en  un momento complicado, de mucho negacionismo y en el que pareciera que tenemos que estar otra vez explicando”.

Por otro lado, indicó que “como nieta recuperada y trabajando en Abuelas de Plaza de Mayo, es una manera de difundir y de atraer. Ver si alguien tiene un dato, sabe algo, tiene alguna denuncia, ver si alguna persona que aún no se animó a presentarse, se anima si duda de su identidad, etc. Todo eso es muy importante para nosotros. Es parte de nuestro quehacer".

"Me parece que como me tocó a mí, nos tocó a muchos otros y es un poco hacer historia viva de nuestro país, de lo que ha pasado", reflexionó.
El documental se proyectó este jueves, 18 de julio. En esa misma fecha, se conmemoró en diferentes actos realizados en todo el territorio nacional -incluida nuestra ciudad- un nuevo aniversario del atentado a la AMIA, contando 25 años de impunidad.

Por ello, se le pidió a Elena que enlazara los dos hechos históricos bajo el común denominador de la memoria. “Salvando las distancias, es parte de lo mismo. Cuando el Estado no está y no se hace cargo, no queda otra que salir a caminar, a dar testimonio y mostrar la historia. A los organismos y a los familiares les costó muchísimo llegar a los juicios. Es lamentable y no debería ser así, pero es a lo que estamos acostumbrados que pase en el país”, dijo.

De todos modos remarcó que las cosas no se terminan con la llegada del juicio porque “la historia es dinámica. Uno piensa que ganó algo y no es así. Uno tiene que estar permanentemente en pie”.
Expresó que en ambos casos se vive una situación similar respecto de que “hay que divulgar la historia, hacerla conocer. Cuando más gente la conozca, mejor. No sólo para que no vuelva a pasar, sino para conocer parte de tu verdadera historia. Porque cuando uno no conoce sus propias raíces, no puede proyectar. Cuando me pongo a pensar qué clase de sociedad y futuro quiero para mi país, me parece que conociendo las cuestiones  en profundidad es cuando uno puede proyectarse. Un país con memoria, con verdad, con justicia, con educación digna, con salud, con jubilados dignos. Creo que finalmente está todo unido porque cuando negás una situación, están negando también otras cosas. Por eso es tan necesario mostrar, hacer conocer, que se sepa”.

El otro dato saliente de su caso es que desde el mismo instante en que se conoció su filiación con el análisis de sangre, estuvo con su familia como si desde siempre hubiese estado y no volvió a ver a sus apropiadores, salvo una vez durante una visita al juzgado al poco tiempo de su restitución y en el 2013, durante el juicio a sus apropiadores.

“Hay un lugar que es muy difícil de responder. Yo vi a mi familia y sentí que ya la conocía. Y nunca la había visto”, describe acerca del primer encuentro.
“¿Cómo te lo explico? No te lo puedo explicar. Es una sensación. Y después, hay un camino que uno va construyendo junto a su familia. Conocer la historia, ser parte y reconocerte en esa identidad”, detalló.
Además, aclaró que “no me sentía cómoda en la familia apropiadora. Realmente tenía muchos choques a presar de que era muy chica. Había algo que no encajaba. Y cuando conocí a mi familia sentí que iba perfecto, más allá de las cuestiones que pasan en toda familia”.

En ese sentido, evaluó que sus familiares “se encontraron con una persona que había sido criada por un policía. Más allá del amor, no sabían con qué se iban a encontrar. Pero hay cuestiones que me parece que están en el ADN. Al menos en el caso de los nietos y nietas, hay algo que ya está ahí. Si tenés más o menos suerte, una familia que te acompaña más o menos, estuviste mucho o poco con tus apropiadores y te lavaron más o menos la cabeza, todo eso ya es una cuestión distinta y hay que evaluar otras cosas: tu psiquis, tu estructura, el acompañamiento”.

“Pero con mi familia, sentí que era parte. No sé… cómo te lo explico. No te lo 
puedo explicar”, lanzó y se rió.

“Tuve suerte con mi familia porque es muy contenedora. Me dio mucho cariño y afecto. Y también respetó mucho mis tiempos. Al principio hice como una involución, me aniñé. Son un montón de cambios (como el del nombre ya que los apropiadores no la llamaron Elena) que poco a poco vas asimilando”, recordó.

El proceso de retomar su identidad verdadera incluyó también conocer de a poco a sus dos hermanas mayores por parte de su madre. No convivía con ellas ya que la alojaron unos tíos, pero sí convivió con unos primos "que para mí son mis hermanos. Uno va rearmando y adaptándose como puede”.

“Viste que dicen ‘la vida continúa’. Bueno, así es. Hacés lo que podés y hay cosas que uno tarda años en resolver. Y uno pone lo mejor. Yo ahora quiero pasarla bien y disfrutar de la vida”, subrayó y volvió a reír.

Por último, se le preguntó qué mensaje podía dar a quien descree de lo ocurrido o a quién no le interesa, le es indiferente la proyección del documental o incluso, esta nota. Elena sostuvo que le diría “que se abra a conocer desde alguien que vivenció una parte de la historia que jamás viviría. Esto realmente existió, sucedió y yo soy el producto de eso. Y, más allá de las diferencias que podemos llegar a tener, creo que dentro del respeto se puede dar un diálogo”. 
“Hubo una ‘realidad paralela’ en este país. Sucedió. Existió. Hubo mucha gente masacrada. Y todas esas personas tenían que tener un juicio, como ahora están teniendo los represores. Por eso les dirían que se abran, sin prejuicios, a escuchar y ver”, invitó.

“Me da la sensación de que a muchas personas, hasta que no les pasa algo, están como en otra sintonía. Y no está bueno llegar a esa situación. Estaría bueno que puedan por un segundo ponerse en el lugar del otro”, consideró.

Contó que a veces acostumbra leer en las redes los comentarios de las notas en las que participa y se horroriza: “estás hablando de que a una vieja le mataron a sus hijos y encima se robaron a su nieto/nieta… ¿y te estás riendo de eso? Es horroroso. ¿No podés empatizar con una persona que tuvo una desgracia tremenda en su vida?”, se preguntó.

El café con leche se enfriaba cada vez más sobre la mesa del bar y Camilo seguía dando vueltas con tomar su submarino, quizás preguntándose si no hubiese sido mejor comerse la barrita de chocolate. Yo me fui deseando que en su cabeza y en la de todos los chicos del país, un submarino siga siendo –además de una nave subacuática- sólo eso: una taza de leche con chocolate. 
La proyección de “La Nave del Sueño Mío” estuvo organizada por los Gremios ATUNCPBA, ADUNCE y Área de Derechos Humanos UNICEN y se llevó a cabo con entrada libre y gratuita.

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