Tres de cada diez jóvenes conductores admitió haber manejado bajo los efectos del alcohol y representan el 43% de las víctimas viales fatales en el último año, al tiempo que los menores de 35 años son los más propensos a beber y conducir, según un estudio del Observatorio Vial de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que conducir bajo los efectos del alcohol aumenta la probabilidad de protagonizar un siniestro vial con consecuencias graves y/o fatales. Este estado produce efectos negativos sobre la visión, la coordinación y la atención en el camino, provocando un estado irreal de euforia y seguridad en sí mismo.

La OMS menciona que las lesiones causadas por el tránsito son consideradas una epidemia y afecta principalmente a niños y jóvenes de entre 5 y 29 años, y es la primera causa de muerte en esta franja etaria. En Argentina, el 43% del total de las víctimas fatales como consecuencia de siniestros viales en 2018 corresponde a personas de entre 15 y 34 años, y con respecto a los heridos, este rango etario representa el 42% del total.
Según el Observatorio Vial de la ANSV, y de acuerdo a un informe sobre controles de alcoholemia, el 9,4% de 48.780 conductores controlados superaba los límites de alcohol en sangre permitidos por la ley. El estudio se realizó entre 2016 y 2018 en 38 municipios de 16 provincias de todo el país y los jóvenes de entre 25 y 34 años fueron quienes representaron el mayor porcentaje de las alcoholemias positivas (12,7%).

Por otro lado, la ANSV y el Observatorio Argentino de Drogas (OAD) de la Sedronar, llevaron a cabo un estudio en conjunto basado en encuestas en 32 hospitales públicos de Argentina. La finalidad era determinar la prevalencia del consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas en conductores de vehículos que ingresaron a esas salas de emergencia por motivo de siniestros viales.

Los resultados revelaron que el 25,1% de los conductores siniestrados consumieron alguna bebida alcohólica en las horas previas. Aquellos conductores que declararon haber tomado alcohol sufrieron lesiones más graves en la cara, el tórax y el cráneo, las zonas más vulnerables del cuerpo para la salud.

Además del consumo declarativo de alcohol y de otras sustancias psicoactivas, también se tuvo en cuenta el no uso de elementos de seguridad (cinturón de seguridad y casco). Los resultados arrojaron que el 15,1% de los conductores siniestrados presentaban ambas condiciones.

En el año 2017 se realizó un estudio cualitativo para indagar en el porqué los jóvenes son los más propensos a consumir alcohol y posteriormente conducir un vehículo. La investigación se llevó a cabo con personas de entre 16 y 30 años, y se evidenció que entre este rango etario la conducción bajo los efectos de bebidas alcohólicas no representa una preocupación.

Los resultados reflejaron tres razones posibles: por un lado, predomina un sentimiento de excepción, es decir, la suposición de "a mí no me va a pasar", situación que potencia la decisión de conducir luego de beber bajo una falsa creencia de control de la situación. En segundo lugar, se le atribuye al alcohol un rol de factor social de inclusión, un hábito propio de la adolescencia y que se encuentra en todos los momentos de sociabilidad. Y por último, sienten que no serán controlados y/o sancionados por conducir bajo los efectos del alcohol, ya que perciben una ausencia de control, o que bien, podrán evitar fácilmente los controles. 

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