Cuencos vacíos

1 de octubre de 2020

En la línea del tiempo nada es para siempre. Mucha gente habla de los ciclos de la vida. Están los otros que todo lo asocian a la energía del mundo, quienes profundizan en esto dicen: Que el magma del centro de la tierra emana ondas energéticas que van transfiriendo en los habitantes, supuestas influencias negativas, que llevan a ser malos, nefastos o tóxicos.
 
¿Y en dónde entra  en la vida de la mujer y del hombre;  la presencia del omnisciente, omnipresente y omnipotente?

¿Dónde está Dios en esta pandemia, él  que es, un guardián celoso y amigo fiel?

¿Qué pasó con su amor de Padre?¿Adonde fue a guardar su misericordia? ¿Se habrá roto el báculo del Abba? ¿A quién  se le pedirá luz?

Este tipo de pandemia ha hecho posible tomarse tiempo, valorar la riqueza que se posee de ser familia, ha servido como un atomizador para reforzar lazos, para mirarse a los ojos hasta redescubrirse, ha permitido pasar por el tamizador lo que realmente plenifica el corazón, hasta descubrir que Dios es la noria y que sin esa agua de vida no se puede vivir.

Sin fe. No existe esperanza.-¡Se hace trizas el alma sin Dios, cual espejo que cae al suelo!

¡Qué bendición es despertar! 

El ser ha sido creado para darse en una entrega absoluta de abrazos, besos, y risas cercanas. No se puede vivir en lo virtual.

En la entrega absoluta es en donde se contempla mejor a Jesús Eucaristía, lo verdaderamente único y absoluto. Allí donde la nada se hace  próximo a Dios, para que el Espíritu Santo pronuncie en humanidad un tímido: -¡Te amo Padre!

Es  de suma importancia volver muy pronto  a la gran celebración eucarística, como a recibir el cuerpo vivo de Cristo; por lo pronto, mientras haya vida, se debe alimentar el alma cada domingo.

La misa es el único lugar en donde cielo y tierra se unen, donde se contempla y celebra el regalo más grande que ha recibido la humanidad entera, la vida. 

Allí ?en él y por él? se recobra fuerzas, se inunda de amor  cuerpo, mente y  corazón,  se vivencia la paz y todo lo bueno que nos habita se recibe en comunión de amor fraterno. 

Dios ha creado para este instante  mujeres y hombres  capaces de dar testimonio, en este su tiempo, ¿Dónde están esas respuestas de amor? 

Este es el mismo Dios de Moisés, que acompañó al pueblo y que pactó una alianza.  (Éxodo  12 - 19) 

Es el mismo Dios que una y mil veces no agota sus fuerzas para buscar a los hijos y  decirles: ?No temas, porque yo estoy contigo, no te inquietes, porque yo soy tu Dios; yo te fortalezco y te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa? (Isaías 41: 10).  

Aquí está la fe viva que no se puede perder, la fe para  anunciar y celebrar las virtudes de aquel, que siendo Dios, llama para vivir en el gozo de su amor.

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