(Por Andrés Lavaselli, de DIB).- Centrales para la suerte de ambas administraciones, las relaciones políticas entre el gobierno nacional y el bonaerense comenzaron esta semana a adquirir el contenido específico que tendrán bajo los mandatos de Alberto Fernández y Axel Kicillof, y que se plasmaron en novedades en cuatro áreas clave. Se trata de la deuda, donde hay acción conjunta; paritarias, con perspectivas disímiles; seguridad, escenario de una cripto escaramuza de baja intensidad y del juego de poder del trípode que conforman el gobernador, Máximo Kirchner y un intendente del Conurbano que se desmarca de sus pares.

Contra lo que pudo parecer, la señal más clara de que la hoja de ruta  para el tratamiento de la deuda es una sola, fue la intervención del ministro de Hacienda, Martín Guzmán, en la que negó que vaya a existir un auxilio financiero para evitar que la provincia caiga en default. El objetivo no fue dejar al gobernador librado a su suerte, sino evitar que, a raíz de una información errónea previa sobre una supuesta asistencia, los bonos siguiesen subiendo de precio como lo estaban haciendo. Adicionalmente, se envió un mensaje preventivo al resto de las provincias, que ya pensaban en reclamar lo suyo: no deberían esperar dólares frescos.

La contrapartida de aquella irrupción nacional fue la  solicitud de conformidad a los bonistas privados que lanzó la provincia y la conferencia de prensa posterior de Kicillof, acompañado de su ministro de Hacienda, Pablo López. Así se completó el mensaje conjunto: la estrategia nacional es postergar el pago de la porción de capital de los vencimientos y solo abonar intereses mientras se renegocia, con quita o no, un acuerdo final. Y la provincia de Buenos aires está en línea con eso, al menos en lo que se refiere al grueso de su deuda, que ingresará en la misma conversación con los acreedores que lleva adelante Guzmán.

Kicillof, López y Guzmán se conocen desde la época en este último asesoró al gobernador en la negociación con los fondos buitre. Incluso, en esa época acercó al entonces ministro de Economía a su mentor, el nobel Joseph Stiglitz, una especie de pope de la heterodoxia racional que ha inspirado más de una intervención de Cristina Fernández. Sobre el fondo de esa confianza personal, los tres funcionarios definieron la  parte de la renegociación que, como se adelantó acá, ya está acordada. Se trata del reperfilamiento de los USD 250 millones en manos de la Anses, una operatoria confirmada por Alejandro Vanoli, su titular.

La propuesta a los acreedores privados, que tienen en su poder los restantes USD 250 millones que vencen este mes para postergar el pago hasta el 1 de mayo recoge, al menos parcialmente, una sugerencia de ellos mismos. En eso y en  las conversaciones que mantienen desde agosto se apoya el optimismo del equipo de Kicillof en alcanzar el umbral de aceptación del 75% que permita el acuerdo. Pero como se trata de una negociación con una contraparte en mutación permanente por el cambio de manos de los papeles en el mercado o que podría elevar sus pretensiones a último momento, no descartan que el entendimiento no se logre.

Uno de los escenarios que se abrirían entonces es el default, que se concretaría el 10 de febrero, de acuerdo a las condiciones de los BP21, con el consecuente costo para la Provincia. Pero no es la única: a pesar de la pirotecnia verbal, Kicillof no descarta la posibilidad de saldar el vencimiento. Al respecto hay hermetismo oficial, aunque la licitación de letras por $ 10 mil millones prevista para los próximos días podría ser una clave. De paso, se demuestra la superficialidad de una controversia de estos días: no es que el gobierno no tenga fondos para pagar (ahora vence el 2,2% del total), sino que optó –legítimamete- por negociar más duro.

Sueldos y chispazos 
Otro capítulo urgente para Kicillof son las paritarias del sector público. Aquí no habrá políticas espejadas con Nación, básicamente por los escenarios son diferentes. El diagnóstico en la provincia es que en los últimos años hubo una gran dispersión salarial al interior del Estado, por lo que hay una primera intención de que haya una recomposición diferencial para cada quien, donde los que más perdieron recuperen en principio más que los demás. En el primer lote están los agentes de la administración central y, en el segundo, los docentes: en el Ejecutivo calculan una brecha de hasta unos 30 puntos promedio.

El diseño de las herramientas para atender esa situación inédita en la provincia se realiza  sabiendo que no se corregirá del todo, al menos en lo inmediato. En febrero –con los sueldos de este mes- los docentes recibirán un aumento del 12%, última aplicación de la cláusula gatillo vigente. Paradojas de la vida política bonaerense: Roberto Baradel le debe esa protección anti inflacionaria a María Eugenia Vidal. Para el resto, se piensa el aumento de suma fija. La intención es que la paritaria se convoque después de terminar de cobrarlo. Eso quiere decir, abril o junio. La fecha es otra novedad, que habrá que ver si los gremios aceptan.

En el otro extremo de la arco que va del alineamiento al desacople quedó la tensión entre el ministro de Seguridad, Sergio Berni y su par nacional, Sabina Frederic, que adquirió volumen político cuando involucró al presidente, Alberto Fernández. El caso Nisman y su impacto sobre el humor de la gendarmería, clave por su presencia en el Conurbano, fueron alegadas como explicación de la inquietud del ministro provincial, que está dónde está porque Kicillof aceptó una sugerencia de Cristina Kirchner. Pero Berni cree estar dando una batalla más amplia, y no contra Frederic, sino contra el periodista Horacio Verbitsky.

Con razón o no, Berni juzga al director del CELS como el poder detrás del trono en seguridad nacional y se para en la vereda de enfrente. El ministro resalta una secuencia temporal: Verbitsky hizo la pregunta sobre la tensión con Frederic que dio pie a que Fernández lo cruzó antes de una reunión, el viernes 10, entre la ministra nacional y él mismo, en la que acordaron bajar el tono.  Pero igual incluyó la respuesta presidencial en la nota que publicó el domingo 12. "Lo hizo para perjudicarnos", dicen en el entorno de Berni. Kicillof, que sabe que Vertbitsky tiene igual su ministro buena relación con CFK, solo atinó a intentar bajar el tono.

El difundido encuentro del gobernado con Máximo Kirchner en La Plata de mediados de semana estuvo precedido de rumores de distanciamiento. Por eso, mostrarse juntos es ya un mensaje político. Pero hay otros: convertido en aliado esencial de Martín Insaurralde, Kirchner se habría ido con la confirmación de que Omar Gadurralde será el nuevo titular de Loterías, una caja esencial de la política provincial. Si finalmente ocurre será –otro- motivo de fastidio para alcaldes como Cascallares, Zavaleta o el ministro Katopodis, distanciados del lomense en la misma medida en que se acercaron a Fernández.

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