A través del proyecto «El Cervantes produce en el país», la obra -escrita y dirigida por Julia Lavatelli subirá a escena. El texto hurga en la profunda impronta que dejó en la identidad tandilense su pasado canterista y los movimientos anarquistas que le dieron cuerpo a las primeras conquistas sindicales de principios del siglo pasado. En entrevista con NUEVA ERA, la autora explicó que hacen «un cierto paralelismo entre el oficio de picapedrero en Tandil y la vida del anarquismo en la Argentina. Porque coinciden en fechas. Se inician juntos -entre 1883 y 1890- y terminan juntos».

A pesar de tener tantos estrenos encima en su carrera, Lavatelli está con una mezcla de ansiedad y nerviosismo. «Siempre la última semana antes del estreno condensa muchas cosas. Es una especie de embudo en el que en el trabajo de tantos meses se concentra y eso genera nervios. Pero la verdad es que lo vivimos bien, contentos y con mucha dedicación, porque pasamos 10 horas en el teatro», dijo en un primer momento la entrevistada.

«Todo el proceso fue genial porque nos obligó a investigar y a meternos en la historia de Tandil y en la vida de los descendientes de trabajadores de canteras y eso fue hermoso. Nos permitió conocer un universo increíble», agregó.
«Por otro lado, en términos de producción, las dos instituciones más importantes de la ciudad -Municipio y Universidad- apoyaron el proyecto y trabajan en colaboración con el Teatro Nacional Cervantes. Eso fue una ayuda grande durante todo el proceso», subrayó.

La actriz, directora, docente e investigadora destacó que «el modo de producción de un teatro oficial es completamente distinto a la producción teatral que hacemos en Tandil cuando hacemos teatro independiente. Hay todo un modo al que hay que adaptarse. El hecho de que el Cervantes haya decidido realizar una producción integral en Tandil es de alguna manera un reconocimiento a la plaza teatral tandilense. Y para los jóvenes -aún para los que tenemos en el elenco- es una linda oportunidad de trabajar con otros medios a los que habitualmente están disponibles».

Este Diario ya había entrevistado a Lavatelli en febrero pasado, cuando aún se encontraba en la investigación y proceso de armado final del texto. En ese momento, había dicho que le interesaba saber «en términos políticos –es una pregunta que se hacen los estudiosos del anarquismo en general- cómo desapareció y qué pasó con ese movimiento anarquista gigantesco ya que en la Argentina fue de los más importantes del mundo. Fue absorbido por otras corrientes sindicales que en absoluto tenían que ver con el anarquismo. Se pasó de un anarquismo libertario e individualista a organizaciones verticalistas y burocráticas. Hay una transformación enorme, en muy poco tiempo».
Esta mañana, se le consultó si arribó a algún tipo de respuesta pero entre risas aseguró que no. «No llegamos a una respuesta pero nos conmovió mucho durante todo este trabajo encontrarnos personalmente con los descendientes y corroborar que la memorias familiares retienen la historia grande.

«En ese sentido, me parece que ya hay algo para responder a ese gran interrogante Y después, lo que hacemos en el espectáculo es un cierto paralelismo entre el oficio de picapedrero en Tandil y la vida del anarquismo en la Argentina. Porque coinciden en fechas. Se inician juntos -entre 1883 y 1890- y terminan juntos. Empiezan a decaer para 1920 y para 1930 ya prácticamente desaparecen», observó.

Una lectura posible también hace referencia al «mito del progreso» en tanto se pasó de un trabajo manual y artesanal a uno industrial «para poner en cuestión cuánto progreso verdaderamente implicó y cuánta pérdida. Está vinculado a un cambio tecnológico, a la máquina, que sin duda marcaron -acá, en la piedra- el fin el trabajo artesanal y en la Argentina el fin del anarquismo, por lo menos dentro del movimiento obrero».

El diálogo derivó en hablar de los descendientes en tanto activos luchadores por la preservación de las sierras. Aquellas sierras que los antepasados explotaban. Al respecto la autora indicó que «no incluimos el tema del medioambiente, aunque podría considerarse. Pero la enorme diferencia -aun de posicionamiento- de los movimientos ecologistas es respecto del artesanado o de la industrialización. Una cosa es labrar la piedra a mano y otra es molerla a máquina. Una cosa es la explosión generada a mano, primero con pólvora y después con dinamita, que de todas maneras es marginal. Cuando eso cambia, en el ‘30, que se pasa a hacer a máquina, rompen a una velocidad que verdaderamente aniquilan el paisaje».

Puso como ejemplo que «los defensores de las especies o aún los veganos, no es que se oponen a que alguien pesque para comer. La industrialización de la ‘producción de animales’ es lo que repudian. Criar vacas en feed loot para que vayan al matadero es lo monstruoso. Y acá pasa exactamente lo mismo, la velocidad con al que la máquina puede destruir una sierra no tiene nada que ver con el trabajo artesanal».

La investigación también tomó como referencia dos obras literarios argentinos: el trabajo de no ficción que Rodolfo Walsh hizo para escribir «Operación masacre» (1957) sobre los fusilamientos de José León Suárez y uno aún anterior llamado «Pesadilla» (1929), de Pinie Wald, sobre los acontecimiento de la Semana Trágica, originalmente escrito en idish.
«Son dos textos de literatura muy importantes de no ficción. En el caso de Pinie Wald fue directamente el protagonista de los sucesos y luego escribió el texto y en el caso de Walsh, se realizó una investigación de los sucesos», detalló.
En la obra teatral «tomamos de las historias que circulan, aquellas que nos parecían más interesantes para nuestra narración, pero yo veo el espectáculo ahora y me parece que no le faltan elementos de ficción. No sé si es que yo me acostumbré a la no ficción, pero creo que tiene todos los elementos que tiene una ficción».

Quienes vayan a ver la obra se encontrarán con historia tandilense, con reflexión acerca de ella, con testimonios de vecinos, con imágenes de un increíble archivo fotográfico (gran parte perteneciente a la colección privada de José Luis Betelú con fotografías de Carlos Pierroni).

«Aunque tiene un halo trágico, como en cualquier desaparición, creo que el espectador se va a encontrar con un espectáculo que puede ser conmovedor y movilizador».

Consultada sobre qué cosas movilizó la investigación que hizo de cara al futuro, Lavatelli adelantó que «no te puedo decir mucho porque acabo de presentar un proyecto en otras institución para poder seguir trabajando alrededor de esto. El abordar este universo me implicó como artista para continuar en esa indagación», reveló.

La charla concluyó con algo más bien televisivo en vez de teatral: un cartel intrigante que dice «Continuará…».

LOS DESCENDIENTES - Escrita y dirigida por Julia Lavatelli

Con Daniela Ferrari, Agustina Gómez Hoffmann, Ignacio Díaz Delfino y la música en escena de Pablo Bas.

La huelga de los obreros de las canteras de piedra del año 1908, conocida como «huelga grande», es un hecho fundamental en la historia del sindicalismo argentino y de implicancias sociales mayores para la ciudad de Tandil. Luego de once meses de resistencia obrera, los patrones aceptaron los reclamos y se firmó el acuerdo que incluyó el pago en moneda argentina, la reducción de la jornada laboral de 10 a 8 horas en invierno y de 15 a 9 horas en verano y descanso dominical. A través de imágenes y relatos populares, el suceso perdura en la memoria de los tandilenses.

Tomando como referencia dos textos de la literatura argentina, ‘Operación Masacre’ (1957) de Rodolfo Walsh -sobre los fusilamientos de José León Suárez- y ‘Pesadilla’ (1929) de Pinie Wald -sobre la semana trágica-, Los descendientes indaga en el género «no ficción» y sus posibilidades escénicas. A partir de entrevistas realizadas a descendientes de obreros de la piedra y a otros participantes de la gran huelga, el proyecto presenta imágenes secretas o íntimas que, por estar ligadas a actividades clandestinas, tienen escasa documentación o se han narrado y conocido muy tangencialmente. Este anclaje en las historias de vida de los descendientes permite reconstruir a partir de los restos y de la memoria de vidas privadas un suceso público.
Estreno: viernes 9 de agosto.

Funciones: sábados a las 21 h y domingos a las 20 h en La Fábrica, Universidad Nacional del Centro, Tandil

Entradas en la boletería del Teatro La Fábrica: Gral. Pinto 367, Tandil

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