Por Bernardo Moroder En su cuarto concierto de la temporada 2012, el Mozarteum Argentino-Filial Tandil presentó, el sábado pasado en el Auditorio del Colegio de Escribanos, al Trío Alba de Austria, integrado por Livia Sellin de Alemania (en violín), el austro-italiano Philipp Comploi (en violoncello) y Chengcheng Zhao, de China (en piano). Tomaron su nombre en el sentido de "alba" como salida del sol, en contraposición al segundo trío de Schubert, que se refiere al ocaso. El programa anunciaba el Trío para piano y cuerdas en Do mayor, Hob XV/27 de Franz Josef Haydn; el Trío para piano y cuerdas de Johanna Doderer y el Trío Nº 2 en do menor op. 66 de Felix Mendelssohn Bartholdy. Ésta es la descripción un programa de concierto y sus intérpretes; pero lo sucedido en el Auditorio del Colegio de Escribanos en esa hora y media de música, no fue escueto ni tuvo el frío del anuncio. En el momento mismo del ataque del Trío de Haydn nos dimos cuenta que teníamos frente a nosotros a tres intérpretes que se habían acercado al gran arte, a la música con mayúsculas que, además, nos ofrecerían un programa excepcional. La música de Haydn, que esperábamos bella y amable, resultó una pieza de gran carácter y múltiples alternativas. Se trataba de una de las últimas obras que escribió el compositor austríaco y pudo notarse en su desarrollo, que ya había conocido la música de Beethoven. Y allí también nosotros conocimos el virtuosismo de los tres intérpretes, que literalmente, derramaron un torrente de notas (sobre todos nosotros) que por momentos resultó avasallante, pero siempre controlado y en perfecta armonía. La obra fue tour de force pero los músicos supieron llevarla a buen puerto. Acto seguido escuchamos el Trío para piano y cuerdas de Johanna Doderer. Antes de su ejecución, el cellista Philipp Comploi señaló que este concierto relacionaba de alguna manera todas las obras con el año 2009: en ese año Johanna Doderer compuso el Trío, para el cual se inspiró en música de Haydn; fue asimismo el año de bicentenario de la muerte de Haydn; y por último, fue también el bicentenario del nacimiento del tercer compositor de la velada; Félix Mendelssohn Bartholdy. El Trío de Doderer entrelazaba jirones melódicos de Haydn con fragmentos totalmente contemporáneos. Con indudable maestría, Doderer supo construir una obra compleja, extraña, pero coherente; supo explotar las cualidades de cada uno de los instrumentos a través de clusters sonoros, glissandos, el uso de armónicos en lo más agudo del violín y creando efectos que, por momentos, hacía recordar la música electrónica. Para entonces ya estaba claro que estábamos escuchando un concierto de excepcionales características, por la riqueza de las obras y por la maestría de los instrumentistas. Fue notable en todo momento la comunicación entre ellos a través de miradas, lo que se tradujo en una perfecta sincronía. La última obra del Programa fue el Trío Nº 2 de Félix Mendelssohn Bartholdy, obra fenomenal, la última de cámara, escrita dos años antes de su muerte. En último movimiento, en la forma de un Rondó, aparece una melodía coral del siglo XVI tomada del salterio de Ginebra "Así me presento ante Tu trono", el mismo coral que se cree que fue lo último que escribió Juan Sebastián Bach. Ante las entusiastas expresiones del público, el Trío Alba agregó "Olvido", de Piazzola y de Mendelssohn, el Scherzo del Trío Nº 1. Culminó así una velada de lujo con música de la mejor interpretada por grandes artistas. Y fue aquí, en nuestra Tandil.

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